Para probar sus efectos alucinógenos, se riega el jardín con jugo de peyote concentrado. Las caléndulas, gravemente afectadas, enloquecen: en su delirio se creen araucarias. Los gladiolos caen en un sopor peligroso que los aproxima al estado vegetativo. El resto de las plantas tiene alucinaciones generosas, positivas, que les infunden una compleja sensación de felicidad. Todos estos efectos del peyote resultan imposibles de comprobar excepto el vómito ácido y convulsivo de las flores carnívoras, causado por el mal sabor de los insectos que se alimentan de néctar.

Ana María Shua

Comentarios No hay comentarios »

 Con los hongos es sencillo. Contra los líquenes y musgos, que son plaga, uso un líquido lento en el que dejo remojar unas cuantas hebras de tabaco. La nicotina es un veneno poderoso, pero los líquenes y musgos vuelven a crecer rápidamente al amparo de la oscuridad, bajo las vendas, por todas partes y especialmente en las axilas a causa de la incómoda posición a que me obliga durante tantas horas el sarcófago.

Ana María Shua

Comentarios No hay comentarios »

  Todos ponen en hora sus relojes al paso preciso del profesor puntual. Así, cuando Kant se va de viaje, la gente del pueblo no logra ponerse de acuerdo, algunos relojes atrasan y otros adelantan, la maestra llega a la escuela cuando los niños ya se han ido, los novios no coinciden en la iglesia a la hora de la ceremonia de bodas (muchos matrimonios fracasan antes aún de haberse realizado) y se producen batallas callejeras para decidir en qué momento exacto debería escucharse el tañido de las campanas.
Para evitar esos viajes que ponen en peligro a toda la comunidad, alguien propone distraer al profesor para que llegue tarde a la estación, sin medir las consecuencias de semejante confusión de horarios, el riesgo de que el tren les atropelle el tiempo haciéndolo pedazos.

Ana María Shua

Comentarios No hay comentarios »

  Siete tortugas sostienen el mundo. Esta circunstancia tan evidente hace apenas unos milenios, resulta hoy muy dificil de probar. Son invisibles y son gigantes. Su enorme masa atrae a nuestro planeta, obligándolo a adosarse a su caparazón. Los incrédulos preguntan por los puntos de contacto. No vale la pena responderles: una de las siete tortugas está a punto de morir. Se desea lo que no se tiene.

Ana María Shua

Comentarios No hay comentarios »

  Al olmo de mi hermana le diagnosticaron la enfermedad holandesa de los olmos. El tratamiento era muy caro: se decidió que la enfermedad siguiera su curso fatal. Pero el árbol era viejo y astuto. A lo largo de un siglo había entrelazado sus raíces con la cañería de la cloaca. Su muerte resultaría más cara todavía. Por dos mil dólares, con una enorme jeringa conectada a un motor, se le inyectó lentamente, en veinticuatro horas, una cubeta de líquid con medicamento.
Según los expertos, el olmo está ahora sano y fuerte y no hay que hacer caso de sus síntomas de hipocondríaco. Como la tala es peligrosa, se duda entre la psicoterapia o la mudanza.

Ana María Shua

Comentarios No hay comentarios »

  Mi vida textual está llena de paréntesis, interrogaciones, tildes y guiones bajos…a veces es sólo puntos suspensivos…

Günter Petrak

Comentarios No hay comentarios »

 El amor enciende el corazón y apaga la luz.

Guillermo Samperio

Comentarios No hay comentarios »

  Juan Ramón Jiménez abrió el sobre en su cama del sanatorio, en las afueras de Madrid. Miró la carta, admiró la fotografía. Gracias a sus poemas, ya no estoy sola. Cuánto he pensado en usted!, confesaba Georgina Hübner, la desconocida admiradora que le escribía desde lejos. Olía a rosas el papel rosado de aquella primera misiva, y estaba pintada de rosáceas anilinas la foto de la dama que sonreía, hamacándose, en el rosedal de Lima.
El poeta contestó. Y algún tiempo después, el barco trajo a España una nueva carta de Georgina. Ella le reprochaba su tono tan ceremonioso. Y viajó al Perú la disculpa de Juan Ramón, perdone usted si le he sonado formal y creame si acuso a mi enemiga timidez, y así se fueron sucediendo las cartas que lentamente navegaban entre el norte y el sur, entre el poeta enfermo y su lectora apasionada. Cuando Juan Ramón fue dado de alta, y regresó a su casa de Andalucía, lo primero que hizo fue enviar a Georgina el emocionado testimonio de su gratitud, y ella contestó palabras que le hicieron temblar la mano.
Las cartas de Georgina eran obra colectiva. Un grupo de amigos las escribía desde una taberna de Lima. Ellos habían inventado todo: la foto, las cartas, el nombre, la delicada caligrafía. Cada vez que llegaba carta de Juan Ramón, los amigos se reunían, discutían la respuesta y ponían manos a la obra. Pero con el paso del tiempo, carta va, carta viene, las cosas fueron cambiando. Ellos proyectaban una carta y terminaban escribiendo otra, mucho más libre y volandera, quizá dictada por esa mujer que era hija de todos ellos, pero no se parecía a ninguno y a ninguno obedecía.
Entonces llegó el mensaje que anunciaba el viaje de Juan Ramón. El poeta se embarcaba hacia Lima, hacia la mujer que le había devuelto la salud y la alegría. Los amigos se reunieron de urgencia. ¿Qué podían hacer? ¿Confesar la verdad? ¿Pedir disculpas? ¿De qué serviría tamaña crueldad? Mucho debatieron el asunto. En la madrugada, al cabo de algunas botellas y de muchos cigarros, tomaron una decisión. Era una decisión desesperada, pero no había otra. Y sellaron el acuerdo: en silencio, encendieron una vela y soplaron todos a la vez.
Al día siguiente, el cónsul del Perú en Andalucía golpeó a la puerta de Juan Ramón, en los olivares de Moguer. El cónsul había recibido un telegrama de Lima:
­Georgina Hübner ha muerto.

Eduardo Galeano

Comentarios No hay comentarios »

  Estaba casado, tenía seis hijos, pero presumía de “conquistador”. Según él, ninguna mujer se le resistía. Todas caían, enamoradas, en sus brazos. Los amigos le envidiaban, le admiraban. “¿Cómo lo haces, qué les dices?”. Pero él se encerraba en un mutismo enigmático. No era cuestión de descubrir la miserable realidad de sus promesas… de falso hombre soltero. Juraba amor eterno, fidelidad absoluta, más allá de la vida y la muerte; mostraba las fotos de sus ancianos padres; las cartas de una primera novia que murió (auténticas, desde luego) y la ambición de compartir un hogar cristiano. Ambicionaba tener seis hijos por lo menos y llegado a este punto, insistiendo en el mismo, es cuando conseguía su propósito. Porque para tener tantos hijos era preciso actuar de prisa y sin pérdida de tiempo…

Alonso Ibarrola
No se puede decir impunemente ‘Te quiero’ en Venecia.Visión Libros. 2010
http://www.alonsoibarrola.com/

Comentarios No hay comentarios »

  Se despierta de golpe. Está oscuro y aún queda mucho para que mamá venga a llamarlos. Estira la mano despacito y nota que su hermana está, como siempre, durmiendo a su lado. Se levanta en silencio y asoma la cara entre las cortinas. Los observa sin hacer ruido. Elena se acerca a abrazarlo y lo guía de vuelta.
?Ya vale ?susurra? vuelve a la cama.
En realidad no hay nada nuevo que ver. El parque está casi cubierto por cartones y la gente se amontona tratando de mantener el calor. Algunos duermen, se remueven incómodos. Muchos lloran. Las madres dejan que los niños apoyen la cabeza en su regazo. Los sigue viendo un rato después de cerrar los ojos.
Se duerme. Se despierta de golpe. Sigue oscuro y tiene mucho frío. Extiende la mano para buscar la de Elena pero roza el cartón y recuerda. En su ventana, la de su habitación, tres caritas los miran en silencio.

Rocío Romero
http://rromeropeinado.blogspot.com.es/2012/03/el-otro-futuro.html

Comentarios No hay comentarios »

  • ............................................................................................................................................................................. Los derechos de los cuentos publicados en este blog, son propiedad de sus respectivos autores. .............................................................................................................................................................................