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abraham omar lugo  Érase una vez, una niña rusa, que tenía una niña interior, que tenía una niña interior, que tenía una…

Abraham Omar Lugo

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leon_de_aranoa  Escondía palabras en ella. Las dejaba en cada hueco de su cuerpo, aprovechando sus descuidos. En su pelo escondió Cielo, escondió Urgencia. En la curva pronunciada de sus clavículas escondió Deseo, y Amor bajo el lóbulo de su oreja derecha. Escondió Siempre en su ombligo, y quiso esconder también Ternura, pero no pudo porque su ombligo era pequeño, y tuvo que elegir.
Y escondió Celos en su espalda, entre los omóplatos. Y Piedad bajo el brazo izquierdo. Y Violencia primero, tras los dientes, y después Perdón.
Un día, mientras dormía, en sus manos cerradas escondió Pan y escondió Hijos. En el vello rizado de su pubis escondió Miedo, y escondió Luz en lo más profundo de su sexo, donde, calculó, nunca nadie alcanzaría.
Pensaba que así un día, si alguien ocupaba sus lugares en ella, las encontraría. Y al pronunciarlas en voz alta le recordaría, sin proponérselo, las razones de su amor.

Fernando León de Aranoa
Aquí yacen dragones. Seix Barral, Biblioteca Breve.2013

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jorge-luis-borges1  Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas. Yo camino por Buenos Aires y me demoro, acaso ya mecánicamente, para mirar el arco de un zaguán y la puerta cancel; de Borges tengo noticias por el correo y veo su nombre en una terna de profesores o en un diccionario biográfico. Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografía del siglo XVIII, las etimologías, el sabor del café y la prosa de Stevenson; el otro comparte esas preferencias, pero de un modo vanidoso que las convierte en atributos de un actor. Sería exagerado afirmar que nuestra relación es hostil; yo vivo, yo me dejo vivir, para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica. Nada me cuesta confesar que ha logrado ciertas páginas válidas, pero esas páginas no me pueden salvar, quizá porque lo bueno ya no es de nadie, ni siquiera del otro, sino del lenguaje o la tradición. Por lo demás, yo estoy destinado a perderme, definitivamente, y sólo algún instante de mí podrá sobrevivir en el otro. Poco a poco voy cediéndole todo, aunque me consta su perversa costumbre de falsear y magnificar. Spinoza entendió que todas las cosas quieren perseverar en su ser; la piedra eternamente quiere ser piedra y el tigre un tigre. Yo he de quedar en Borges, no en mí (si es que alguien soy), pero me reconozco menos en sus libros que en muchos otros o que en el laborioso rasgueo de una guitarra. Hace años yo traté de librarme de él y pasé de las mitologías del arrabal a los juegos con el tiempo y con lo infinito, pero esos juegos son de Borges ahora y tendré que idear otras cosas. Así mi vida es una fuga y todo lo pierdo y todo es del olvido, o del otro.
No sé cuál de los dos escribe esta página.

Jorge Luis Borges

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eduardo berti  Mi existencia es muy curiosa: todo hecho vuelve a sucederme, no importa su relevancia. Condenado a la repetición, espero otra vez los buenos momentos y temo el retorno de aquellas desgracias que he sabido soportar. De mi vida, existe un solo hecho que no se ha repetido: mi nacimiento; aunque me parece recordar otro parto y otro vientre que no es el de mi madre. Pocas veces aguardé en vano que un episodio volviera a ocurrirme. En tales casos, si algo no consigue repetirse, de inmediato descubro mi obtusa confusión: aquel acontecimiento que yo suponía primero renueva, en verdad, algún hecho olvidado. Este texto, por ejemplo, a veces pienso que volveré a escribirlo, otras veces creo que es la copia de otro.

Eduardo Berti
Por favor sea breve 2. Ed. Páginas de espuma. 2009

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alonso ibarrola  El enfermero del sanatorio psiquiátrico me introdujo en una habitación. “El lo llama celda“, me aclaró. las ventanas estaban cerradas herméticamente y el sol radiante del exterior no encontraba resquicio alguno. Mi hermano estaba arrodillado sobre un reclinatorio, el mismo que compró estando con nosotros en casa y que hubimos de trasladar al sanatorio cuando el doctor decidió su ingreso aquí. De esto ya hace un año. Hoy me han permitido visitarle. Con los ojos muy abiertos, mirando Fijamente a una imagen piadosa que cuelga de la pared y con la única y exclusiva iluminación de una vela, no parece darse cuenta de mi presencia… No me atrevo a interrumpir su soliloquio. En casa lanzaba furiosos denuestos contra nuestra madre, cuando ésta interrumpía sus soliloquios, para anunciarle que la comida estaba en la mesa. El día que se subió sobre ella -cumplía años nuestro padre y había varios invitados- y comenzó a recitar las bienaventuranzas, decidimos, sin más, internarlo. Ahora se ha percatado de mi presencia y me mira. En sus ojos hay lágrimas… “¿Por qué -me dice sollozando-, por qué conmigo se comporta así?”. ¿Quién? “El” -me aclara, indicando con un gesto la imagen ¿Sabes? Es terrible tener que confesarlo y admitirlo, pero no puedo soportar más este peso, este secreto… Cuando me habla (su voz es un susurro) tartamudea… Sí, tartamudea. ¡júrame que no se lo dirás a nadie!”.

Alonso Ibarrola
No se puede decir impunemente ‘Te quiero’ en Venecia.Visión Libros. 2010
http://www.alonsoibarrola.com/

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pia barros  Yo quiero a la mujer de tetas grandes, esa que no vive para otros, no espera nada, sólo siente el olor de la tarde y derrama al anochecer su tristeza acodada en la ventana.
Las muchachas del pueblo miran de reojo para atrás por si nos ven a los muchachotes seguirlas o verlas con descaro.
Yo quiero a la otra, la mujer gruesa y pesada de las tetas grandes, aunque pueda ser mi madre, como todos dicen.
Yo le caería a besos en las axilas, le mordería breve el pubis, la haría gemir triste, como toda ella, hasta que le brotara la risa y pudiera ser como las otras, una vez, sólo una vez, y cuando escuchara mis pasos tras ella, por fin sonriente, miraría para atrás.

Pía Barros
Por favor sea breve 2. Ed. Páginas de espuma. 2009

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  pinzas2b  -¿Cuál es tu sueño?
-Un beso bajo la lluvia. ¿Y el tuyo?
-Que empiece a llover.

#microcuentos

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santiago eximeno  ¡Primero las mujeres y los niños!, gritó el capitán, y los tiburones exhibieron sus mejores sonrisas mientras esperaban.

Santiago Eximeno

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caresantos_a  Mirar por la ventana. Un día y otro día. Ver declinar el sol, amedrentar la lluvia, bostezar al compás de la naturaleza, comer sin mucha gana, acariciar los libros. Un día y otro día, mirar por la ventana.
Pesadillas repletas de molinos de viento cuando sube la fiebre.
Qué habrá detrás de tanto trigal adormecido, más allá de la línea del horizonte llano y más lejos aún, en el aire, en los sueños.
No atreverse a mirar a los ojos de Aldonza, cuando pasa mecida por tanto aburrimiento.
Y decirse, de pronto: «Algún día, lo juro, conseguiré ser otro».

Care Santos
Por favor sea breve 2. Ed. Páginas de espuma. 2009

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diego m valenzuela  Cuando el sol emerge entre las montañas, la casa se despereza. El agua de la piscina comienza a circular por el filtro. Se activa el riego automático. Las luces del exterior se apagan. El refrigerador zumba alegremente. En la pantalla del computador no hay nuevos mensajes. El automóvil estacionado en el patio culmina su autodiagnóstico. Otros artefactos irán despertando en el día. La pareja duerme abrazada en su cama. Hace tiempo que no respiran; parecen muñecos de cera, secos e inmóviles. Una flor se abre a la mañana; sobre ella caen minúsculas gotas de agua arrastradas por el viento.

Diego Muñoz Valenzuela
Por favor sea breve 2. Ed. Páginas de espuma. 2009

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