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eduardo berti  Mi existencia es muy curiosa: todo hecho vuelve a sucederme, no importa su relevancia. Condenado a la repetición, espero otra vez los buenos momentos y temo el retorno de aquellas desgracias que he sabido soportar. De mi vida, existe un solo hecho que no se ha repetido: mi nacimiento; aunque me parece recordar otro parto y otro vientre que no es el de mi madre. Pocas veces aguardé en vano que un episodio volviera a ocurrirme. En tales casos, si algo no consigue repetirse, de inmediato descubro mi obtusa confusión: aquel acontecimiento que yo suponía primero renueva, en verdad, algún hecho olvidado. Este texto, por ejemplo, a veces pienso que volveré a escribirlo, otras veces creo que es la copia de otro.

Eduardo Berti
Por favor sea breve 2. Ed. Páginas de espuma. 2009

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alonso ibarrola  El enfermero del sanatorio psiquiátrico me introdujo en una habitación. “El lo llama celda“, me aclaró. las ventanas estaban cerradas herméticamente y el sol radiante del exterior no encontraba resquicio alguno. Mi hermano estaba arrodillado sobre un reclinatorio, el mismo que compró estando con nosotros en casa y que hubimos de trasladar al sanatorio cuando el doctor decidió su ingreso aquí. De esto ya hace un año. Hoy me han permitido visitarle. Con los ojos muy abiertos, mirando Fijamente a una imagen piadosa que cuelga de la pared y con la única y exclusiva iluminación de una vela, no parece darse cuenta de mi presencia… No me atrevo a interrumpir su soliloquio. En casa lanzaba furiosos denuestos contra nuestra madre, cuando ésta interrumpía sus soliloquios, para anunciarle que la comida estaba en la mesa. El día que se subió sobre ella -cumplía años nuestro padre y había varios invitados- y comenzó a recitar las bienaventuranzas, decidimos, sin más, internarlo. Ahora se ha percatado de mi presencia y me mira. En sus ojos hay lágrimas… “¿Por qué -me dice sollozando-, por qué conmigo se comporta así?”. ¿Quién? “El” -me aclara, indicando con un gesto la imagen ¿Sabes? Es terrible tener que confesarlo y admitirlo, pero no puedo soportar más este peso, este secreto… Cuando me habla (su voz es un susurro) tartamudea… Sí, tartamudea. ¡júrame que no se lo dirás a nadie!”.

Alonso Ibarrola
No se puede decir impunemente ‘Te quiero’ en Venecia.Visión Libros. 2010
http://www.alonsoibarrola.com/

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pia barros  Yo quiero a la mujer de tetas grandes, esa que no vive para otros, no espera nada, sólo siente el olor de la tarde y derrama al anochecer su tristeza acodada en la ventana.
Las muchachas del pueblo miran de reojo para atrás por si nos ven a los muchachotes seguirlas o verlas con descaro.
Yo quiero a la otra, la mujer gruesa y pesada de las tetas grandes, aunque pueda ser mi madre, como todos dicen.
Yo le caería a besos en las axilas, le mordería breve el pubis, la haría gemir triste, como toda ella, hasta que le brotara la risa y pudiera ser como las otras, una vez, sólo una vez, y cuando escuchara mis pasos tras ella, por fin sonriente, miraría para atrás.

Pía Barros
Por favor sea breve 2. Ed. Páginas de espuma. 2009

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  pinzas2b  -¿Cuál es tu sueño?
-Un beso bajo la lluvia. ¿Y el tuyo?
-Que empiece a llover.

#microcuentos

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santiago eximeno  ¡Primero las mujeres y los niños!, gritó el capitán, y los tiburones exhibieron sus mejores sonrisas mientras esperaban.

Santiago Eximeno

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caresantos_a  Mirar por la ventana. Un día y otro día. Ver declinar el sol, amedrentar la lluvia, bostezar al compás de la naturaleza, comer sin mucha gana, acariciar los libros. Un día y otro día, mirar por la ventana.
Pesadillas repletas de molinos de viento cuando sube la fiebre.
Qué habrá detrás de tanto trigal adormecido, más allá de la línea del horizonte llano y más lejos aún, en el aire, en los sueños.
No atreverse a mirar a los ojos de Aldonza, cuando pasa mecida por tanto aburrimiento.
Y decirse, de pronto: «Algún día, lo juro, conseguiré ser otro».

Care Santos
Por favor sea breve 2. Ed. Páginas de espuma. 2009

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diego m valenzuela  Cuando el sol emerge entre las montañas, la casa se despereza. El agua de la piscina comienza a circular por el filtro. Se activa el riego automático. Las luces del exterior se apagan. El refrigerador zumba alegremente. En la pantalla del computador no hay nuevos mensajes. El automóvil estacionado en el patio culmina su autodiagnóstico. Otros artefactos irán despertando en el día. La pareja duerme abrazada en su cama. Hace tiempo que no respiran; parecen muñecos de cera, secos e inmóviles. Una flor se abre a la mañana; sobre ella caen minúsculas gotas de agua arrastradas por el viento.

Diego Muñoz Valenzuela
Por favor sea breve 2. Ed. Páginas de espuma. 2009

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DAVID LAGMANOVICH  Mi amigo escritor publicó un libro de microrrelatos que tituló La hormiga escritora. Los textos incluidos eran diminutos y tenían cierta mordacidad que evocaba la picadura del insecto. El libro, de distribución gratuita, fue bien recibido por sus parientes y amigos, entre los cuales tengo el honor de contarme.
Luego compuso otro volumen, llamado La tortuga veloz. No tuvo el mismo éxito porque, a pesar de las implicaciones del título, quienes lo adquirieron lo consideraron de lectura un tanto laboriosa, lo que perjudicó la venta de la obra.
Ahora mi amigo está a punto de intentar la publicación de un tercer libro de minificciones, al que no sabe si titular El ciervo perplejo o, tal vez, La mosca que no sabía volar. En esas dudas se le van los días, y el libro no acaba de ser enviado al editor. Éste, por su parte, propone un título alternativo: El zoólogo ignorante.

David Lagmanovich
Los cuatro elementos. Ed Menoscuarto. 2007

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javier Ximens  Oí sonidos suaves que procedían del salón, me asusté y desperté a mi marido. Juan cogió el calzador dispuesto a defender nuestro hogar y nuestras vidas. Allí abajo estaba el policía, con un plumero en la mano derecha y colocando los cacharros con la izquierda, la linterna en la boca. Llamé al servicio de alerta. Cuando oyó el ruido de cadenas saltó por la ventana, pero aún así le dio tiempo a sacudir el polvo del ficus. Al instante hizo presencia un grupo de ladrones con modernos medios de desorden, desbarataron los cajones, repartieron los platos sucios por los muebles, borraron las pistas impolutas e incluso hubo algún buen ladrón que sacó los restos de tortilla del cubo de la basura y los puso encima del televisor. Uno, posiblemente el más cobarde, saltó por la ventana persiguiendo al agente. Después de dejar la casa patas arriba, el capo nos dijo que parecía que no sobraba ningún objeto, que le detendrían pero que no serviría de nada, a las veinticuatro horas estaría volviendo a poner orden en las casas. Esa mañana, Juan y yo llegamos temprano al trabajo y con el temor de que cualquier día los policías puedan entrar en casa y recoger el cuarto de los niños.

Javier Ximens
http://ximens-montesdetoledo.blogspot.com.es/2014/02/agentes-del-orden.html

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  leon_de_aranoa  Se lo toma la muerte el jueves, cansada de trabajar. Los suicidas aterrizan dulcemente en las aceras, decepcionados, ilesos. Nadie muere en los frentes: los bombardeos no causan bajas, los pelotones de ejecución yerran el tiro y los generales, avergonzados, presentan su dimisión.
Las catástrofes naturales se suceden, inofensivas. Los niños descalzos juegan a las aguadillas en las terribles inundaciones, los terremotos son caballito de feria. Cientos de miles no mueren, no se hacen llamados a la solidaridad internacional: no se abren cuentas corrientes, no hay luto ni gala benéfica. Los tenistas no subastan sus raquetas.
Cierran los hospitales, nadie muere en las urgencias. Médicos y enfermeras juegan en los quirófanos a médicos y enfermeras. No se mata en los mataderos: sólo el tiempo muere. Bailan de contento las víctimas, lloran con razón las plañideras. A los verdugos se les olvida cómo se mata, cierran por defunción los cementerios, y el altar del sacrificio sale al fin a subasta.
Al día siguiente vuelve la muerte al trabajo feliz, descansada. Decidida a recuperar la tarea pendiente.

Fernando León de Aranoa
Aquí yacen dragones. Seix Barral, Biblioteca Breve.2013

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