Manu Espada (1)  Desde que Azarías se tira del balcón hasta que su cuerpo revienta contra el suelo, tarda en caer exactamente un segundo con setecientas centésimas, tiempo en el que un terremoto arrasa San Francisco, Germán roba una manzana en un supermercado, un satélite se estrella en el Pacífico, mil seiscientos hombres de cuarenta años sufren un paro cardíaco en el Reino Unido, Carmen besa a Mario en un parque de Granada, las bolsas europeas caen a su mínimo histórico, un niño saborea una gominola sabor cola en el recreo, una multinacional china compra la mayor empresa de coches del mundo, Menganita da calabazas a Fulanito en la azotea de su casa, se suicidan cuatro mil doscientas cincuenta y ocho personas, doce personas avistan platillos volantes en Siberia, un niño dice por primera vez «agua», se realizan setecientos millones de llamadas telefónicas y cien trasplantes de corazón, una anciana se lava el pelo con un champú que le recuerda a su infancia, se consumen ciento diez millones de litros de agua, quinientos millones de personas tienen un orgasmo, cuatro camioneros lloran con el final de #Cinema Paradiso#, varios adolescentes se afeitan por primera vez la pelusa del bigote, Nieves da a luz a su primer hijo, ciento doce madres pierden a sus primogénitos en varios tiroteos, Alfredo se emociona en un concierto de piano, y Azarías comienza a perder su condición humana para convertirse en el número cuatro mil doscientos cincuenta y nueve.

Manu Espada
Personajes secundarios. Ed. Menoscuarto, 2015.
*Definición de «Estadística» según la RAE.

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j j millas  «Todo en la vida pasa por algo», afirma un actor en una entrevista del periódico. Quiere decir que la realidad está al servicio de un sentido que se nos escapa. Esa mosca que acaba de detenerse en el cristal lo ha hecho por algo. Bush ha llegado a la presidencia de los Estados Unidos por algo. La materia orgánica se descompone por algo. La idea de que todo sucede por algo está muy extendida, casi como su contraria: la de que todo es absurdo. Esta última se escucha menos. No imagino a un cocinero asegurando que la vida carece de sentido tras dar la receta del pollo al chilindrón.
-El pollo al chilindrón es excelente, pero la vida es absurda.
La cuestión es ésta: ¿se puede asegurar que la vida es absurda sin cierto desgarro? Quizá no. Este tipo de afirmaciones incluyen un reproche. ¿A quién? No tenemos ni idea. En cambio, la idea de que todo se encuentra al servicio del sentido proporciona al que la dice una imagen como de buena persona. Ahí está el prestigio atávico de la religión, de la magia, de la búsqueda de una explicación superior.
Si consumes toda clase de ideas, puedes pensar unas temporadas que todo tiene un sentido (oculto) y, otras, que todo es absurdo (manifiestamente). Muchas ideas de este tipo son productos de consumo estacionales. El invierno invita al recogimiento. Es una buena época para pensar que todo sucede por algo. Si tienes un conflicto en la oficina, es por algo que quizá no comprendas ahora, pero que manifestará su sentido más tarde (quizá después de la muerte). Hay gente que hasta cuando le toca la lotería, que es puro azar, piensa que se lo ha merecido de algún modo, como si hubiera elegido ese décimo y no otro en función de una lógica secreta.
Todo en la vida pasa por algo. Todo en la vida es puro azar. Los extremos se tocan. La prueba de que los extremos se tocan es que asegurar que todo pasa por algo y que todo es absurdo viene a ser lo mismo. Constituyen dos enunciados especulares. ¿Cómo escapar de esa simetría agobiante? No sé, quizá dejando caer que, aunque resultaría absurdo que todo estuviera al servicio de algo, podría ser así. De nada.

Juan José Millás
Articuentos completos. Ed. Seix barral. 2011

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javier_ximens  Es el colmo, me he muerto y al entrar al cementerio me han dicho que si estoy dado de alta como finado que teclee el nombre y el RIP del nicho; si, por el contrario, era la primera vez debía registrarme, y que en el caso de haber perdido la contraseña respondiera al epitafio clave «¡Levántate, pájaro!» y me enviarían un recordatorio a mi correo póstumo. Me da rabia pues siempre he sido muy ordenado, aquí tengo la carpeta Windows con el certificado de defunción, acta de últimas voluntades, póliza del seguro de fallecimiento —por fin podré cobrarla— y los impresos para que mi mujer tramite la viudedad que tanto temía no llegar a disfrutar, pero la clave de acceso al camposanto no aparece. Soy miedoso en esto de darme de alta en las web de empresas desconocidas, temo que me entre un virus, también me amedrenta entrar en el cementerio y que me llene de troyanos y gusanos. En el servicio militar nos enseñaron aquello del «santo y seña» para las guardias, y que si no se respondía correctamente disparáramos a matar, pues eso deberían hacer aquí, si desconoces la contraseña: ¡que te disparen a resucitar!

Javier Ximens
http://ximens-montesdetoledo.blogspot.com.es/2015/11/e-pitafio.html

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adolfo_bioy  Para que el viaje fuera una solución y no un simple alivio, el que se va no debería llevarse. De todos modos el alivio de partir vale la pena.

Adolfo Bioy Casares

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rafael perez estrada  Antes del invento del espejo la realidad era solamente una.

Rafael Pérez Estrada

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leon_de_aranoa  En el país al que nos referimos aquí había un doble del Presidente, humorista muy popular, nacido en el humilde barrio de La Tampita, a las afueras de las afueras. El extraordinario parecido de sus rasgos físicos sólo era superado por la lealtad con la que el humorista reproducía sus gestos, el tono monocorde de su voz, su risa extemporánea y una forma de caminar característica.
Su repertorio de imitaciones incluía la célebre Inauguración del Pantano de La Grieta, su Tropezón el Día de la Pascua Militar ante la Tribuna de Personalidades o La vez que le sorprendieron saliendo de un conocido hotel del centro de la ciudad con la reina de la canción ligera Adela Galván, siendo esta última, por su naturaleza mundana, particularmente apreciada por sus seguidores.
El parecido entre los dos hombres era tal que, en cierta ocasión, habiendo sido recibido el artista en audiencia privada por el Presidente, llevó varias horas a los responsables de seguridad de Palacio discernir al término del encuentro cuál de los dos era el auténtico.
Cuando a los pocos meses, víctima de un mal repentino, murió el Presidente, sus asesores, temiendo perder privilegios, enviaron a buscar a su doble, que continuó gobernando hasta el final de la legislatura. Bajo su mandato el país vivió un período de gran bonanza económica, y, lo que es más importante, excepcional sentido del humor.

Fernando León de Aranoa
Aquí yacen dragones. Seix Barral, Biblioteca Breve.2013

aquiyacendragones

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alejandra-diazortiz23  Mientras esperaba en el salón, Sofía pensaba en lo mucho que le gustaba la primera misa.
Disfrutaba del paseo por el jardín que la llevaba hasta la capilla. A esa hora estaba más que animado por el alboroto de los pajaritos, anunciando la pronta llegada de la primavera. Sí, en ese momento se sentía plenamente feliz.
El escuchar su nombre por el pequeño altavoz la volvió a la realidad de golpe:
-Sofía, te espera un cliente en la habitación número cuatro…
Al levantarse, se alisó la falda. Se miró al espejo, repasó el carmín de los labios y sonrió: le gustaba lo que veía. Se dirigió hacia la habitación indicada. Al entrar vio una espalda que le resultaba familiar. Le saludó y el hombre se volvió.
Tras la sorpresa, apenas atinó a decir:
-¡Sr. Obispo!
-¡Sor Teresa! -balbuceó abochornado.

Alejandra Díaz-Ortiz
Cuentos Chinos. Trama Editorial – 2009

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Ruben-Abella-copia  Carmen salió a abrir y era Apolonio.
-Ya sé que llego tarde, cariño. Me he liado en la oficina.
-Pero hombre, usted otra vez… -dijo Carmen apenada y, suspirando, lo dejó pasar.
Apolonio la besó en la mejilla y, mientras la puerta se cerraba, preguntó por los niños.
Quince minutos después, como siempre, vinieron por él los del psiquiátrico.

Rubén Abella
Los ojos de los peces. Ed. Menoscuarto, 2010

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ana maria shua 3_b  Joven rosada rozagante lleva a componer reloj de péndulo. Relojero desarma maquinaria. Al volver a montarla, sobran piezas. Joven rosada rozagante acude a retirar artefacto. Se le entrega reloj en perfecto funcionamiento y paquete con piezas sueltas. Joven encañona relojero exigiendo devolución horas faltantes. Botón de alarma disimulado en el piso. Intervención policial. Declarada inimputable, joven pierde color y lozanía internada en institución pública. Relojero ladrón vive más de lo que hubiera merecido.

Ana María Shua
Botánica del caos

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alba_omil2  Retornó a su Ítaca con el vigor intacto (ni viejo, ni cansado; sólo envejecido, provisionalmente, por la Diosa) y su rotoso zurrón cargado de prodigios.
Semiadormecido por el vino, los tendió en la galería de la choza mientras el porquero atendía su piara. Entrecerró los ojos para revivirlos mejor, y pudo ver cómo relucían bajo el último sol de la tarde.
Pronto tendría lugar el encuentro. ¿Cómo sería ahora ella? ¿Cómo aparecería, ahora, él a los ojos de ella?
Lo fascinaban lo desconocido, el misterio, la conquista.
Bajo el brillo de las hogueras entre el hedor de la muerte y los aromas azufrados de los sacrificios, se irguió la reina, deslumbrante y desmesurada por la gracia de Palas.
Latió fuerte el corazón del astuto guerrero, más de ansiedad que de temor.
Ella no reparó en el desconocido.
Más tarde, la vieja nodriza, al lavarle los pies, reconoció la antigua herida.
Esa noche, en el inviolado lecho de olivo, marfil y oro, un hombre y una mujer, en los umbrales de la vejez, repetían antiguos rituales, sin la magia de la novedad, del misterio, de la conquista.

Alba Omil
Después de troya.(Edición de Antonio Serrano Cueto). Menoscuarto Ediciones. 2015

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