Hemeroteca de la sección “Julia Otxoa”

  En mi caso hacer el equipaje es toda una batalla, tengo pocas cosas pero mal definidas, hasta el punto que desconozco qué poseo en realidad, tan solo sé que algu¬nas pertenencias son ligeras y ovaladas pero éstas a veces se alargan inesperadamente hasta romperse y vaciarse por completo. Otras en cambio son pesadas y con sólo pensar en ellas modifican su forma, estorban por todas partes, me tropiezo con ellas, tengo las piernas llenas de hematomas, algún día van a lograr que me caiga y me dé un mal golpe.
Hay incluso algunas cuya existencia es dudosa, a menudo ignoro si pertenecen al pasado, al presente o tan sólo al universo de mis sueños. Así que no es extraño que a la hora de hacer las maletas nunca sepa si voy a tardar mucho o poco, son tantas las conjeturas, las hipótesis … La sucesión de enigmas me rompe los nervios, me fatiga en extremo, me deja sin fuerzas para nada. Y claro, en esas circunstancias siempre acabo anulando mis viajes.

Julia Otxoa

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 Los carpinteros de la localidad de Weil construyen todos los años pequeños pájaros de madera que pintan luego de colores para colocarlos sobre las ramas desnudas de los árboles cuando llega el invierno. Luego al acercarse la primavera, se hace con todos esos pájaros una gran hoguera en la plaza central; dice la gente que sólo entonces se les oye cantar entre las llamas.

Julia Otxoa
Más por menos. Antología de microrelatos hispánicos actuales. Sial ediciones-2011

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    Estamos los dos sentados en un pequeño plató de televisión, dos cámaras nos enfocan. El entrevistador me hace preguntas para un programa cultural al que he sido invitada como escritora. Él no escucha mis respuestas, no parecen interesarle lo más mínimo; sólo espera a que yo termine de hablar para dispararme la siguiente pregunta, que lee nervioso de unos folios que mantiene sobre sus rodillas.
Así que, harta de este estado de cosas, en un momento de la conversación yo también desconecto, y cuando vuelve a preguntarme, contesto algo que no viene a cuento. Pronto mantenemos entre ambos una conversación totalmente absurda.
Extrañamente, es en ese preciso instante cuando el entrevistador y yo nos sentimos más próximos, tanto que incluso podemos llegar a vernos, arropados los dos en nuestros mutuos lenguajes sin sentido.

Julia Otxoa
Más por menos. Antología de microrelatos hispánicos actuales. Sial ediciones-2011

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    Fue muy duro para Giovanni pensar cuando apretaba el cuello de la muchacha, que aquel crimen que ahora estaba cometiendo le correspondería investigar a él, Giovanni Spechio, único juez de la pequeña población de Santa Reparata.

Julia Otxoa

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JULIA OTXOA   Los hombres a medio coser van por ahí deshilachados, como sin peso, como quien se deshace en el aire, y apenas hilvanado, al menor tropezón se abre en grandes rotos, por los que se asoman los curiosos para ver el paisaje o los turistas para contemplar los monumentos de la ciudad, hasta el punto de que muchos son los que han llegado a pensar que estos hombres, de tan rasgados, son casi transparentes. Pero ellos, ermitaños de la costura, aman sobre todas las cosas ir así por la vida, ligeramente esbozados entre las cosas, libres del peso de la ropa acabada sobre sus cuerpos. Deshaciéndose en largos hilos mecidos por el viento cual leves cometas o hermosos espantapájaros.

Julia Otxoa
Velas al viento. Ed Cuadernos del vigía. 2010

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julia otxoa_2  Cuando Elisa pidió a su esposo, el día del aniversario de su boda, la opinión sobre aquellos quince años pasados juntos, a Juan le fue totalmente imposible volver de aquel lejanísimo tiempo en que preguntas como aquélla hubieran podido tener algún sentido. De aquel lugar casi prehistórico en su memoria, en que constató y asumió como una calamidad más en su vida, que vivía y que probablemente viviría por el resto de sus días, con una perfecta extraña. Elisa miraba a Juan volviéndose a medias desde el fregadero. Era obvio que esperaba una respuesta. Él, venciendo un súbito e intenso ataque de terror, se levantó precipitadamente de la mesa en que comía, alegando haberse olvidado unas carpetas dentro del coche. Cuando Juan volvió, Elisa ya no recordaba en absoluto que hacía unos pocos minutos era una esposa junto a un fregadero, esperando una respuesta.

Julia Otxoa
En Kískili-Káskala. Incluido en Por favor, sea breve

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JULIA OTXOA  En una de las salas de la Bienal de Venecia abarrotadas de público y medios de comunicación, la artista explicaba su
proyecto de performance múltiple.
Mientras la escuchábamos, en el interior de nuestro oídos, sus palabras se hundían más y más en lo oscuro. Su expresión
densa y pegajosa se adhería con fuerza a nuestros sentidos dejándonos marchitos, como bajo el influjo de una poderosa
succión que nos vaciaba de toda energía, de toda posibilidad de comprensión. Despojados de toda estructura, nuestros cuerpos
quedaban reducidos a nimia materia ausente deshaciéndose en el fondo de un armario.
Frecuentemente en este tipo de actos ocurría que la artista transportada hacia las alturas por lo sublime de sus
pensamientos, traspasaba el techo para perderse grácil entre las nubes, mientras nuestros ojos vacunos seguían su ascenso
hasta notar sobre nuestras cabezas el excremento de ilegibles aves, entonces, el acto tocaba a su fín y la mayor parte de
nosotros regresábamos a nuestros hogares manchados por el peso de nuestra ignorancia.

Julia Otxoa
Retrato de familia con fantasma. Ed. Menoscuarto,2013

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julia otxoa_2  El perro riñe al gato, el gato al ratón, el ratón a la musaraña, la musaraña a la araña, la araña a la mosca, la mosca a la hormiga, la hormiga a la pulga, pero la pulga, como es tan pequeña, no tiene nadie más pequeño a quien reñir, así que, indignada, prepara la revolución para derrocar al perro.

Julia Otxoa

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julia otxoa_2  En una de las salas de la Bienal de Venecia abarrotadas de público y medios de comunicación, la artista explicaba su proyecto de performance múltiple.
Mientras la escuchábamos, en el interior de nuestro oídos, sus palabras se hundían más y más en lo oscuro. Su expresión densa y pegajosa se adhería con fuerza a nuestros sentidos dejándonos marchitos, como bajo el influjo de una poderosa succión que nos vaciaba de toda energía, de toda posibilidad de comprensión. Despojados de toda estructura, nuestros cuerpos quedaban reducidos a nimia materia ausente deshaciéndose en el fondo de un armario.
Frecuentemente en este tipo de actos ocurría que la artista transportada hacia las alturas por lo sublime de sus pensamientos, traspasaba el techo para perderse grácil entre las nubes, mientras nuestros ojos vacunos seguían su ascenso hasta notar sobre nuestras cabezas el excremento de ilegibles aves, entonces, el acto tocaba a su fín y la mayor parte de nosotros regresábamos a nuestros hogares manchados por el peso de nuestra ignorancia.

Julia Otxoa
Retrato de familia con fantasma. Ed. Menoscuarto,2013

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JULIA OTXOA  Construyo cajitas de madera para enterrar los sueños rotos. Todos aquellos que quieren olvidar definitivamente lo que pudo haber sido y no fue, contratan mis servicios, me presento entonces en el lugar que me citan con una de mis cajitas, son todas iguales,de madera de pino sin pintar, sus medidas también son siempre las mismas 7 x 7 centímetros, me gusta el número siete, todo el mundo lo asocia con la sabiduría.
Una vez en el lugar de enterramiento, coloco la cajita abierta en el suelo y mi cliente relata en voz alta el sueño roto que quiere enterrar, para que éste pueda introducirse por entero en la cajita, luego le pongo la tapa, lo sello con siete clavos y la entierro. A partir de este momento mis clientes se sienten más aliviados, más ligeros sin el lastre del pesado recuerdo, hasta el punto que una vez un señor de Valladolid tras el rito de enterramiento echó a volar como un feliz pajarillo hacia su casa.

Julia Otxoa
Retrato de familia con fantasma. Ed. Menoscuarto,2013

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