Hemeroteca de la sección “Gabriel de Biurrun Baquedano”

  Tome unas zapatillas deportivas del número 32. Introduzca algo de arena en su interior.
Inclínese ante el retrete y vacíe allí la arena de las zapatillas.
Escuche.
Es un ruido de bambú hueco entrechocando, de Campanilla volando en Guatemala, de balbuceo de flauta, de pompas en los labios.
Así suenan los recuerdos de un hijo muerto.

Gabriel de Biurrun

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gabriel de biurrun  Ese maravilloso viaje que le habían prometido sus padres con la mirada fija en el suelo y la sonrisa de comer limón, Corfú; la garantía de unas gafas de sol enormes, diecisiete tarjetas que venían con las flores, una copia de la esquela, una foto en la cuna, el certificado, un suplemento semanal, instrucciones de una crema para el pecho, la ecografía y la amniocentesis; prospectos de yodo, prospectos de hierro, la factura de la clínica y la del hotel. Habitación individual. Todo eso sobre la mesa, en ese orden. Y la ventana. Y al otro lado de la ventana, nada de nada.

Gabriel de Biurrun Baquedano
http://propilogo.blogspot.com.es/p/relatos-en-cadena.html

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gabriel de biurrun  En ocasiones, desde el auto, observo compañía a un lado. Un pájaro. No es siempre el mismo. No puede ser. Por un instante acomoda su aletear secreto al bárbaro petardeo de la máquina. Lo veo por la ventanilla. Es un instante, no más. La memoria se encarga de ralentizarlo, de hacerlo dos instantes, tres; lo que tarda en dibujarse un sueño, lo que tarda uno en darse cuenta de que rueda a velocidad de pájaro.
Pero es un instante, no más. El pájaro no vuela más tiempo junto al auto. No es idiota. Sí es curioso, sin embargo, y quiere saber qué animal viaja en la panza del monstruo; a quién dejará perplejo con la máxima demostración de libertad.

Gabriel de Biurrun

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gabriel de biurrun  Tal vez fueran los                    , pero yo siempre pensé que eran las termitas. De noche, en aquel establo reformado, a los pies del Pirineo, se oían arañazos y                     en la madera de las vigas. Eso es exactamente lo que ahora oigo aquí arriba; con la diferencia de que esto no es el techo, sino mi cabeza, y lo que se deshace es mi cerebro. En el suelo quedarán, como serrín, los restos de lo que olvido; que ahora son solo palabras, pero que dentro de un tiempo -dicen- serán recuerdos, nombres, caras, funciones.
En resumen, me ha dicho el                     que dentro de un par de años, alguien, que yo no reconoceré como mi propia hija, llorará mientras me limpia el barro de la cara en un parque desconocido a varios                     de mi casa, seis o siete horas después de haberme extraviado; y yo sonreiré asustado.
Así que ahora, con permiso, cojo este                     , aprieto el                     y os dejo tranquilos. Muchas gracias.
Aloysius Marktbreit

Gabriel de Biurrun

Mar de pirañas. Menoscuarto Ediciones. 2012

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gabriel de biurrun Se me cruza un coche. La madre conduce histérica. En el asiento de atrás, la abuela, con el niño en brazos, me mira triste y tranquila. Sólo ella y yo sabemos que ya es tarde.

Gabriel de Biurrun Baquedano
http://propilogo.blogspot.com.es/2011/12/urgencia.html

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 Ni subido a una escalera conseguiría besarte. La certeza era aplastante, hormonal y gravitatoria. Tanto como distante tu belleza y diminuta mi congoja. Quise invertir las intenciones y cuestionarme si, tal vez, quisieras tú descender varios peldaños por besarme a mí. Tampoco. Descarté los métodos convencionales. Inicié un arduo entrenamiento. Cada día, cada noche. Perder grasa, ganar músculo. Hop, hop.Y fue que la tenacidad venció a las leyes de la naturaleza. Aprendí a volar y salí por mi ventana. Aleteando ilusionado hasta tu casa y tu dormitorio, donde me alcanzó la suela de una zapatilla rosa y tu voz, al fondo, gritando «bicho gafoso de mierda».

Gabriel de Biurrun Baquedano
Relatos en cadena. Cadena SER. Ed. Alfaguara, 2010
Ganador del 10 de diciembre de 2009

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