Hemeroteca de la sección “Fernando Valls”

   No despertó porque era incapaz de dormirse, padecía de insomnio, pero en el duermevela imaginó que ningún narrador remedaba nunca más el dichoso microrrelato de Monterroso. Y se sintió tan satisfecho que, al amanecer, logró por fin conciliar el sueño.

Fernando Valls

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    Cuando despertó, empezó a recordar lo que había soñado: que ni un sólo autor más de microrrelatos remedaba la dichosa y poco afortunada pieza del gran Monterroso.

Fernando Valls

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    Acabo de enterarme de que Carlos Castaneda, antes de morir, confesó a sus allegados que Monterroso había resucitado tímidamente, “el humor y la timidez generalmente se dan juntos”, escribió en Movimiento perpetuo, pero que al darse cuenta de que se le recordaba -sobre todo- por “El dinosaurio”, regresó plácidamente a la tumba, al trasmundo en que se juntaba a conversar con Juan Rulfo, el zorro es más sabio, para componer, no sin desgana, alguna brevedad sobre la estulticia sin remedio del género humano.

Fernando Valls

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 Para escribir una fábula es necesario contar con un león, un mono y un pintoresco camaleón. Se le pone una pizca de sátira, algo de envidia, pero sólo en pequeñas cantidades, para que apenas se note, las correspondientes dosis de ironía y humor, aplicadas con mesura y oportunidad, y tras pensar en los políticos y escritores, se agita en la imaginación. Luego, ya sólo es necesario poseer el talento y la expresión justa de Monterroso, de modo que en nuestra fábula el mal vuelva a triunfar sobre el bien, sin remedio, como siempre ha sucedido, para escándalo de los crédulos y desesperación de los optimistas. Como debe ser.

Fernando Valls

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 ¿Con quién andará Monterroso en el más allá? -pregunta Paqui. Will le contesta que seguro que se encuentra en el Pafos, recorriendo las mesas de Horacio, Quevedo y Gracián; aquella otra que comparten Melville, Chéjov, Faulkner y Thomas Mann; o la de Julio Torri, Lugones, Salarrué y Arreola, bebiendo en la cantina de Afrodita, vaya usted a saber qué… Mientras charlan todos animadamente, Rulfo y Calvino asienten en la barra, en silencio, y Tito esboza una leve sonrisa andando de aquí para allá, en tan grata compañía, ahora que -por fin- los fastidiosos periodistas han dejado de preguntarle por qué no escribe una novela. Quizá porque no saben que Lo demás es silencio.

Fernando Valls
http://paginasdeespuma.com/autores/fernando-valls/
http://cvc.cervantes.es/actcult/monterroso/obra/silencio.htm

 

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