Hemeroteca de la sección “Ana María Shua”

    Hace calor. En el bar un grupo de hombres miran sin mirar los polvorientos rayos de luz que se filtran a través de la persiana.
—Puedo caminar por esos rayos —dice el iluso.
Los hombres se ríen y hacen apuestas. El iluso trepa de un salto a uno de los rayos de luz, intenta dar un paso tambaleante y cae. Los incrédulos cobran sus apuestas.

Ana María Shua
Cazadores de letras. Ed. Páginas de Espuma.2009

Comentarios No hay comentarios »

    Ser Alicia y Conejo y perseguirse por túneles variados y encontrarse y fundirse iniciar la mitosis dividirse ser Alicia y Conejo perseguirse.

Ana María Shua

Comentarios No hay comentarios »

ana m shua   Todos los patitos se fueron a bañar y el más chiquitito se quiso quedar. El sabía por qué: el compuesto químico que había arrojado horas antes en el agua del estanque dio el resultado previsto. Mamá Pata no volvió a pegarle: a un hijo repentinamente único se lo trata – como es natural-, con ciertos miramientos.

Ana María Shua

Comentarios No hay comentarios »

shua435   De las cañerías provenía un ruido fuerte y triste al que ella suponía la voz de su marido muerto. Todas las cañerías hacen ruido, argumentaban sus amigos. En todas las cañerías se manifiesta su espíritu, decía ella. Todas las cañerías hacían ruido cuando él estaba entre nosotros, argumentaban sus amigos. Pero solamente ahora me hablan de amor, decía ella.

Ana María Shua
Ciempiés. Los microrelatos de Quimera. Ed. Montesinos. 2005

Comentarios No hay comentarios »

ama m shua   De vez en cuando, casi involuntariamente, el bebé muerde el pezón. Después sigue mamando. La madre lanza un breve grito pero inmediatamente recupera su placidez. Aunque progresivamente pálida, debilitada, mamá extraña durante el día a ese bebé gordo y rosado que sólo llega de noche, que se va gateando por el jardín poco antes del amanecer.

Ana María Shua
Cazadores de letras. Ed. Páginas de Espuma.2009

Comentarios No hay comentarios »

ana maria shua   Un hombre se tiró por el balcón delante de un grupo de amigos. Uno de ellos alcanzó a sujetarlo de una mano. Haciendo un esfuerzo descomunal, el suicida se izó lo suficiente como para morder la mano que lo sostenía y deslizarse definitivamente hacia el vacío. Esto no es un cuento. Este hombre, que era actor, tuvo el valor de luchar por su propia muerte, pero no el de matarse sin espectadores.

Ana María Shua
Cazadores de letras. Ed. Páginas de Espuma.2009

Comentarios No hay comentarios »

ana maria shua 3_b   Para que sus almas, rescatadas del Limbo, fueran condenadas a la monótona felicidad del Paraíso, no les bastó con ser secretamente buenos, aunque fuesen de una bondad total, desmesurada. Sólo los que además de ser buenos fueron lo bastante famosos como para figurar en el Libro contaron, según el Dante, con esa prerrogativa. Como para no preocuparse de cuidar las relaciones con la prensa.

Ana María Shua
Cazadores de letras. Ed. Páginas de Espuma.2009

Comentarios No hay comentarios »

shua (3)   Si los fantasmas se esconden a tu paso con temblores de sábana, si los esqueletos vuelven a zambullirse de un salto en sus propias tumbas, no te jactes, amigo. Nunca te jactes de asustar a los espectros. Las muecas de terror con que se apartan de tu camino no son más que simulacros con los que pretenden hacerte creer que todavía estás vivo.

Ana María Shua
Cazadores de letras. Ed. Páginas de Espuma.2009

Comentarios No hay comentarios »

ana maria shua   Los duelistas, distraídos en angustiosos pensamientos, no escuchan la voz de alto después de los doce reglamentarios pasos y siguen avanzando indefinidamente. El duelo se posterga pero no se suspende. Aunque finjan no reconocerse cuando se encuentren, sin testigos, en las antípodas, la presencia de los padrinos los obligará a lavar su vergüenza cuando vuelvan a encontrarse en el campo de honor. Se traen vituallas, se instalan tiendas de campaña.

Ana María Shua
Cazadores de letras. Ed. Páginas de Espuma.2009

Comentarios No hay comentarios »

a_maria_shua   Como todas las noches, la cubren con un mantel, sirven los platos, se sientan a su alrededor y dejan que la pobre mesa adopte ese aire digno, familiar, que le permite representar su papel con una convicción que no tendría si supiera que sólo fingen comer, que hasta los ravioles y el tuco son pura utilería.

Ana María Shua
Cazadores de letras. Ed. Páginas de Espuma.2009

Comentarios No hay comentarios »