Hemeroteca de la sección “Juan de Arguijo”

  Leyóse en Cuenca el edicto de la Inquisición, y entre otras cosas dícese en él que quien supiere de hechicerías y supersticiones las declarase.
Una mujer casada fuese otro día a ver a un inquisidor, y díjole muy afligida que se acusaba de haber aconsejado a una vecina suya que si quería que sus lluecas le sacasen pollos muy crecidos y que se le lograsen todos, que los echase encima algunas veces una capa de un cornudo. Díjole el inquisidor:
—Pues, hermana, ¿cómo sabéis vos que es provechoso ese remedio?
—Señor —respondió ella—, helo probado muchas veces con la capa de mi marido y hame salido muy bien.

Juan de Arguijo
Cuentecillos para el viaje – Editorial Popular – 2011

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   En el convento de San Agustín, de Sevilla criaban un carnero enano que discurría por toda la casa, dejando poco limpios los claustros, el Capítulo y los lugares más frecuentados. Acordaron los padres, por no tenerle encerrado, que le atasen una taleguilla debajo de la cola, que recogiera lo que caía en el suelo. Para esto, ofreció fray Juan de Velasco un saquillo, en que le habían traído de Nueva España un poco de chocolate. Pusiéronsele al carnero, de suerte que vino a caer hacia la parte de fuera el sobrescrito que la talega trajo de Indias, y que no se le había borrado; y decía: «Para fray Juan de Velasco».

Juan de Arguijo
Cuentecillos para el viaje – Editorial Popular – 2011

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   Una señora, moza, soltera y de no mal talle, recibió en su servicio, haciendo profesión de doncella recogida, a una beata devota muy mirlada. Sucedió que una mañana salió un galán del aposento de la dama algo más tarde que solía, a medio vestir, alborotado. Viólo, al salir, la beata, y la señora advirtiólo, de que tomó tanta pena, que, llamándola, le dio mil excusas, y le pidió con encarecimiento que no descubriese a nadie su flaqueza, que ella se enmendaría. La beata le respondió, compadecida:
—El alma esté bien con Dios, señora mía, que es lo que hace al caso, que el cuerpo no va ni viene que haga de las suyas.

  Juan de Arguijo
  Cuentecillos para el viaje – Editorial Popular – 2011

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    Don Francisco de Quevedo, poeta que compuso el romance de Escarramán, fue estudiante muy pobre en su mocedad; pero andando el tiempo vino a ser rico y a tener un hábito de Santiago. Supuesto esto, visitaba a una señora, a quien los más caballeros de la Corte visitaban muy de ordinario, y cansado de tantos compañeros, díjole un día:
—Vuesa merced, señora doña fulana, ha de morir comida de caballeros, como otras se comen de piojos.
Respondióle:
—Vuesa merced, que sabe de lo uno y de lo otro dígame, por su vida, ¿quiénes comen más: los caballeros o los piojos?

Juan de Arguijo
Cuentecillos para el viaje – Editorial Popular – 2011

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   Muriósele a uno su mujer, con quien no había tenido, viviendo, un día de paz. Con todo esto, el día de su muerte, a gran priesa, hizo que un pintor la retratase. Algunos, que sabían lo mal que la quería, decían y extrañaban que al tiempo de la muerte la hubiese hecho retratar con tanta ternura y sentimiento. Oyólo uno y dijo:
—Hízola retratar en el día que mejor debió parecerle.

Juan de Arguijo
Cuentecillos para el viaje – Editorial Popular – 2011

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     Hubo un albañil muy conocido en Alcalá de Henares. Tuvo tres hijos, y enseñóles su oficio a todos tres, y aunque pensaba muy bien, no reparaba en guardar, comiéndoselo todo. Llegó a morirse, y viendo a sus hijos muy tristes de que no les dejaba nada más que el oficio, díjoles para consolarlos:
—Hijos míos no me tengáis por descuidado de vuestro bien, que además del oficio que os he enseñado, media calle Mayor y cuantas casas he fabricado de mi mano, todas han sido sobre falso; muy presto se irán viniendo al suelo y tendréis obras que os sobren.

Juan de Arguijo
Cuentecillos para el viaje – Editorial Popular – 2011

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juan-arguijo   A este mismo propósito un judío muy rico se convirtió en Roma, y a pocos días de cristiano le sucedió una grande desgracia en la hacienda. Consolábale su padre espiritual con decirle que con tales trabajos prueba Dios a sus mayores amigos. Respondió:
—Padre, no me espanto de que tenga Dios con sus amigos este trato; lo que me asombra es cómo en tan pocos días ha estrechado conmigo la amistad, tratándome como si nos hubiéramos conocido de muchos años atrás.

Juan de Arguijo
(Sevilla. 1560-1623) – Cuentecillos para el viaje.Ed. Popular-2011

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juan-arguijo   Al duque de Medina, D. Juan Claros, quisieron regalar los de Chiclana con un presente. Votábalo en su Concejo: unos eran de parecer que el regalo fuese de piñas; otros, cuyo voto prevaleció, acordaron que fuese de brevas, que las hay en aquella villa bonísimas.
Hincheron un costal de ellas, y atravesándose sobre un jumento, se sentó encima el embajador, acompañado de otro.
Llegaron como se puede entender del buen avío, y viéndolas el duque, mandó a sus criados que, atando a un poste al que las traía y desnudándole el medio cuerpo, se las tirasen todas.
Hízose así, y a cada golpe volvía el paciente al compañero, diciéndole:
—Mas ¡si fueran piñas !…

Juan de Arguijo
Sevilla, 1560-1623
Cuentecillos para el viaje.Ed. Popular-2011
http://www.iaph.es/web/sites/pinturas-juan-de-arguijo/arguijoysevilla/

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