Hemeroteca de la sección “Dina Grijalva Monteverde”

    Al leer, ella goza una a una las palabras, las saborea, dice que cada una posee sabor, melodía, brillo, aroma, tersura. Que hay que saber disfrutarlas, sentirlas, acariciarlas.
Golosa y gozosa, tardó una semana justa en leer El dinosaurio.

Dina Grijalva Monteverde

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    De día lo contemplaba entre los miles de visitantes de la Academia. Por las tardes se escondía detrás de alguna de las innumerables estatuas del piso superior y en la oscuridad bajaba anhelante hasta estar cerca de David.
Le acercaba un pequeño caracol del mar de coral, una gota del perfume de su pubis, una moneda de espuma o acaso un espejo invisible. Susurraba pétalos de vida y acercaba los latidos de su corazón al níveo, sedoso y firme pecho de su amado.
Una noche, apenas rozó con sus labios el hombro de su adorado, él olvidó siglos de mármol, descendió del pedestal y sus rizos parecieron movidos por un aliento de ángel. Se amaron con pasión de amantes primigenios.
Por la mañana, el vigilante dijo: qué extraño: hoy David sonríe.

Dina Grijalva Monteverde

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   El placer era tanto y tan intenso que exclamé: es como vivir un sueño y desperté.

Dina Grijalva Monteverde

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