Hemeroteca de la sección “Fabián Vique”

   ¿Y tú me lo preguntas, mientras clavas en mi pupila tu unicornio azul?

Fabián Vique

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fabian_vique4  Patricio siempre dice que el momento propicio para robar un banco es el 24 de diciembre a las doce de la noche, cuando el escándalo de los petardos disimula el estruendo de la molotov que hace añicos la caja fuerte.
Por lo general lo dice después de las doce, después del brindis con la familia, en el bar de siempre, con los amigos de toda la vida. Alguien le recuerda que es portero de escuela hace treinta años. Más a mi favor, dice, ¿quién va a sospechar de un portero de escuela?, y agrega nuevos detalles del golpe.

Fabián Vique

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fabian_vique2  Tengo un libro titulado El reino de los réprobos. Tengo otro que se llama Relatos. Tengo uno de tapa verde: Respiración artificial. Y uno francés: Robespierre. Todos los libros que tengo empiezan con erre. Todavía no leí ninguno. Compré algunos en la avenida Corrientes y otros en la Feria del Libro.
Un día los voy a leer; y después los voy a vender. ¿Para qué los quiero si ya los leí? Además, ¿quién va a notar que los usé? Es posible que los compradores no los lean. El otro día un tipo dijo por la radio que se venden libros pero que mucha gente los compra y no los lee. Lo dijo en un tono despectivo, subrayando el “pero” y el “no los lee”.
Yo no estoy de acuerdo con él. A mí me parece bien que la gente compre libros y no los lea. Así los escritores ganan plata y pueden comer, y la gente puede ocupar su tiempo en cosas más importantes.
Yo creo que con los libros va a pasar algo parecido a lo que ocurrió con las cacerolas de los incas. Las cacerolas fueron hechas por los incas para calentar la sopa. Sin embargo, hoy están en el British Museum para que los turistas les saquen fotos. Por eso yo digo: si nadie se queja de que los peruanos no calienten la sopa en la cacerola de los incas, ¿por qué se quejan de que la gente no lea los libros que compra?

Fabián Vique
Ciempiés. Los microrelatos de Quimera. Ed. Montesinos. 2005

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fabian_vique4  Soy fiel. Soy fiel a mi deseo, a mis impulsos, a mi instinto, a mi apasionamiento, a mi tendencia a enamorarme de cada mujer que conozco. No soy fiel.

Fabián Vique

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fabian_vique4  Cuando despertó, el dinosaurio le dijo: «Buenos días».

Fabián Vique

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fabian_vique4  La tropa duerme. Sus sueños obscenos fornican entre las sábanas. Yo camino entre las camas, elijo a la soñada más bella, salimos del cuartel y hacemos el amor como se debe: en privado y a la luz de las estrellas.

Fabián Vique
Por favor, sea breve 2. Ed. Páginas de espuma, 2009

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fabian_vique4  Abuelita, abuelita, que lifting tan increíble te has hecho.

Fabián Vique

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 “Si Penélope, señores Diputados, en lugar de tejer y destejer improductivamente hubiese sólo tejido, la industria textil de Itaka habría recibido un impulso fenomenal y Grecia ocuparía hoy un lugar más relevante en la Comunidad Económica Europea.”

Fabián Vique

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fabian_vique3Los veinticinco microrrelatos que integran este librito son combinaciones de cien palabras. Usted dirá, ¿y a quién le importa cuántas palabras tiene un relato? Yo le responderé que la exactitud es un mérito. Usted me replicará que quiere leer textos buenos, no textos exactos. Yo le señalaré que es difícil dictaminar la bondad o maldad de un texto, en cambio, es fácil contar la cantidad de palabras. Usted alegará que no quiere comprobar, que quiere leer, simplemente leer. Yo le contestaré que entiendo su lógica, pero que nuestro diálogo debe terminar porque ya hemos empleado cien palabras.

Fabián Vique

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fabian_vique2Él prefería la lluvia. Ella, el sol. Yo, la nieve.
Ella miraba todas las telenovelas. Él, los partidos de fútbol. Yo, las noticias.
Él hablaba lo necesario. Ella bastante más. Yo, demasiado menos.
Ella amaba a Dios por sobre todas las cosas. Él era ateo. Yo, agnóstico.
A él le gustaba ir a bailar. A ella, los conciertos. A mí, el cine. Ella lucía un premeditado desaliño. Él estaba siempre impecable. Yo, no tanto.
Éramos buenos amigos pero ella estaba enamorada de él. El problema era que él me amaba a mí. Y yo, claro, la amaba a ella.

Fabián Vique

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