Hemeroteca de la sección “Rafael Pérez Estrada”

   De niña, sostuvo la agonía de un pájaro en su mano.
Muerta el ave, en los dedos siguió sintiendo el corazón del animal en el alado unirse con la nada.
Algunas tardes, en las luces más tenues de la ancianidad (aquellas que ni siquiera trazan sombras), abría las ventanas esperando un vuelo inalcanzable.

Rafael Pérez Estrada
(Los Oficios del Sueño, 1992)

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    Con los ojos cerrados daba la impresión de ser un muerto en su nave infinita, pero había algo en su faz que invitaba al diálogo: «Qué haces» —me atreví a preguntarle. Y fue grande mi sorpresa cuando, con un tono afanoso en la voz, me dijo: «Estoy construyendo un sueño: el Rey soñará conmigo, y quiero que me encuentre en un sueño digno de él». Y me gustó, debo reconocerlo, la lealtad de aquel soldado.
Días más tarde lo hallé taciturno y pobre: «¿Has caído —inquirí— en desgracia con tu soberano?». «Oh, no —respondió—, el Rey fue generoso, y ambos soñamos una espada de plata, un yelmo de cristal y un halcón silencioso. Después —continuó— el Rey soñó un país sin fronteras, y yo era parte de su sueño, su mano derecha, su cólera y su venganza. Mas el enemigo de mi Señor, aquel que espía sus noches y codicia sus despojos, conocedor de todo esto, soñó también conmigo, y torció mi fortuna. Hoy, el Rey exige validos insomnes y guerreros desvelados, y ahora mis visiones son parte del exilio, un desierto que empieza en la noche y no sabe de amaneceres».

Rafael Pérez Estrada
Antología del microrelato español (1906-2011). Ed. Catedra.2012

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rafael perez estrada   Con el ángel caido empieza la gravedad.

Rafael Pérez Estrada

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rafael perez estrada   En el centro de la calle, absurdo y triste, un niño pela una manzana. A medida que va pelando la manzana, la luna en su distancia mengua.
Nunca podrá terminar este niño su trabajo. En sus manos de marfil, la manzana crece hasta hacerse una luna llena y luminosa.

Rafael Pérez Estrada

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rafael perez estrada   El filósofo renacentista Alberto de Sicilia, en su tratado sobre las Insistencias Naturales, declaró que la sustancia de los besos era análoga al polen de algunas mariposas.

Rafael Pérez Estrada

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rafael perez estrada Al amanecer, acogidos a la bruma del amanecer, bajaban en fila desde la vieja casa de los locos, una loma cercada de tedio y gaviotas. A nadie miraban. Sólo la obsesión del mar dirigía sus pasos. Ya en la playa, impresionaba verlos como canes rabiosos lamer la espuma de las olas. Allí permanecían hasta que eran apartados brutalmente del mar.
Nada dije. Sabía que el Niño Explicativo me daría la razón de todo aquello. En la distancia lo reconocí. Parecía indiferente a la escena y a sus propias palabras: Sólo el agua de mar -dijo- los mantiene locos y azules, más allá incluso de la muerte.

Rafael Pérez Estrada

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rafael perez estrada  Después de la muerte del Poeta, el grito se sostuvo en el aire, y poco a poco fue cambiando su naturaleza de grito hasta convertirse en una nube terrible y amenazante. Y fue imposible hacerle descargar su furia y su odio. Se mantenía en lo alto como una masa de piedra que esperase la mano de un artista y el prodigioso esfuerzo de las palabras. Algunos aseguran que la nube llovió sangre durante treinta días, y no hubo alba, ni rosas, ni blanco en los jardines. Días ciertamente oscuros -dicen otros-, pues el espesor de aquel suceso impedía que la luna iluminase el perfil de tarjeta de la ciudad. El General, más optimista, apuntó desde el Palacio Arabe su batería de acero contra la nube intensa, y un chaparrón de esquirlas de mármol nunca visto granizó indivisible sobre las viejas cenizas de la ciudad del odio. Y como ningún milagro, ningún vuelo, ni siquiera la brisa, se sostienen durante mucho tiempo de pie sobre lo azul, el grito volvió a silbar entre alcaicerías y plazas del olvido, ya sólo como grito, como línea infinita o puntos suspensivos infinitos. Aún hoy, pasados muchos años, el grito cruza el Sur con su eco de balas.

Rafael Pérez Estrada

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rafael perez estrada  Le gustaba llorar sobre su hombro, por ver cómo la lágrima bajaba acariciando el cuerpo, moldeando las formas. El se sabía incapaz de amar de otra manera.

Rafael Pérez Estrada

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rafael perez estr22  Los amantes sigilosos se ovillan y hacen sedas.

Rafael Pérez Estrada

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rafael perez estrada  Amó con pasión desmedida a una estatua. Fue un juego de caricias y deseos. Para hacerse igual a ella, permanecía silencioso y quieto, esperando de este modo entenderse mejor con aquella figura apasionante. Si al menos -pensaba- las palomas retuvieran el vuelo sobre mi cabeza, o la yedra se enredara a mis pies, o un loco estudiante dibujara grafitos demagógicos en mi espalda, o un niño brutal me destrozase de un pelotazo la nariz, sabría que estoy en el buen camino de ser estatua, de ser correspondido.

Rafael Pérez Estrada
Después de troya.(Edición de Antonio Serrano Cueto). Menoscuarto Ediciones. 2015

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