Hemeroteca de la sección “General”

jose-emilio-pacheco    En el centro de la ciudad se levanta una estatua que cambia de forma. Por las noches representa a Diana, en el día asume la figura de Apolo. Si viste los atributos de Marte anuncia la guerra —tan claro y obvio es su simbolismo—. Nadie se atreve a contemplarla más de un segundo, pues si ve en ella la imagen de Thánatos sabe que en pocas horas encontrará la muerte.
Quizá la estatua sólo existe en la imaginación de quienes creen verla. Pero hay fotografías de sus innumerables mutaciones. En otros tiempos hubo incluso quienes osaron tocarla y, antes de morir, nos legaron su testimonio. Sea como fuere la estatua plural obsesiona a los habitantes de la ciudad. El rey quiso demolerla. El Concejo de Ancianos vetó la orden ya que, de acuerdo con la leyenda, cuando la estatua sea destruida se va a acabar el mundo.

José Emilio Pacheco
Después de Troya. Ed. Menoscuarto.2015

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jj millas2   Cada vez que la poli se da una vuelta por los almacenes situados en la periferia de las grandes ciudades, descubre algo de interés. Ahora acaba de encontrar, en un hangar de las afueras de Madrid, un millón de peluches falsos de los Lunnis, esos personajes de la tele con los que los niños se van a la cama, o se levantan de ella, ahora no caigo. El titular de la noticia hablaba, literalmente de «peluches falsos», lo que evidentemente es erróneo. Un peluche sólo puede ser falso si es un falso peluche, es decir, si está hecho de un tejido que no es. Un peluche de piel, por ejemplo, no sería un peluche. Los peluches incautados en esta ocasión por la policía eran  verdaderos porque poseían todos los atributos que se esperan de un peluche, incluso el de dar miedo. Lo que el redactor de la noticia quiso decir es que aunque parecían Lunnis no eran Lunnis, pues carecían de documentación, de papeles, de carné de identidad. En todo lo demás eran idénticos a los Lunnis. Quiere decirse que el DNI hace al monje.
Usted, querido lector, y yo somos idénticos el uno al otro en la medida en que lo son los Lunnis. Estamos hechos del mismo material, tenemos el mismo número de órganos, de extremidades, quizá de pelos en la cabeza, e idéntico número de huesos. También damos miedo, que es algo que nos une con los Lunnis y los peluches en general. Pero si la policía me pillara en la periferia de Madrid haciéndome pasar por usted, me detendría porque yo no soy usted. Es lo que ocurre con ese millón de Lunnis, que siendo idénticos a los verdaderos no disponían del certificado que acreditara su identidad. Eran unos indocumentados, unos «sin papeles».
Sorprende que para entrar en un país se pida a las personas lo mismo que a los muñecos de peluche. El problema de los que vienen en pateras no es que no sean hombres y mujeres como nosotros, sino que no tienen certificado de autenticidad. Usted los mira por arriba, por abajo, por el interior y se dice: «Coño, es como yo, o como mi cuñado.» De acuerdo, es como usted o como su cuñado de usted, pero no tiene papeles, lo que lo convierte en un hombre ilegal. Los Lunnis incautados en las afueras de Madrid son peluches idénticos a cualquier otro peluche, incluso pueden estar mejor cosidos que los peluches legales. Pero no tienen papeles, vaya por Dios,  de modo que la policía los ha requisado y se encuentran detenidos en comisaría a la espera de que el juez decida qué hacer con ellos. Lo normal es que el juez ordene destruirlos para que no se confundan con los verdaderos. Generalmente, se queman. Un millón de peluches quemados es un genocidio de peluches, un peluchicidio, pero las leyes están para cumplirse, aunque nos pongan los pelos de punta.
Ahora bien, imaginemos que un policía (corrupto o caritativo, no sabríamos cómo calificarlo) salva a uno de estos muñecos de la hoguera. Imaginemos que lo esconde y se lo lleva a casa y se lo regala a su hija pequeña como si se tratara de un peluche legal. La niña lo recibiría con gran alborozo y jugaría con él y dormiría con él y lo metería con ella en la bañera, etc. Los peluches son muy resistentes, duran toda la vida (toda la vida de ellos y la nuestra), de modo que la niña y el muñeco crecerían juntos sin que la hija del poli supiera que ha pasado su infancia junto a un muñeco ilegal, un muñeco que no debería estar en España porque no tiene papeles, no tiene carné de identidad, no tiene acreditación.
¿Sería esa niña, de mayor, igual que las demás niñas que crecieron con peluches legales? No lo sabemos. El peluche imprime carácter. El peluche puede ser cualquier cosa menos ingenuo. Los peluches tienen un alma pequeña con la que se comunican con los niños, empujándoles a ser obedientes o rebeldes, nerviosos o tranquilos, estudiosos o vagos, bondadosos o vengativos. Los peluches son los auténticos educadores de los niños, más en esta época en la que los padres están tan poco tiempo en casa.
Sostengo que, tal como haya sido tu peluche, así serás tú de mayor. Si tu peluche fue tranquilo, serás tranquilo; si nervioso, nervioso; si con tendencias criminales, con tendencias criminales… Si tu peluche fue chino, serás chino. El millón de peluches incautados en las afueras de Madrid procedía de China. Es probable que muchos de ellos —quizá veinte o treinta mil— desaparezcan en el trayecto que va de la comisaría al horno crematorio. Caerán en veinte o treinta mil hogares cuyos niños, de mayores, sin que ellos mismos lo sepan, serán chinos. Lo crean ustedes o no, así son las cosas.

Juan José Millás
Articuentos completos. Ed. Seix barral. 2011

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 fglorca_0  La poesía no quiere adeptos, quiere amantes.

Federico García Lorca

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julio_cortazarqw   Solo en sueños, en la poesía, en el juego —encender una vela, andar con ella por el corredor— nos asomamos a veces a lo que fuimos antes de ser esto que vaya a saber si somos.

Julio Cortazar
Rayuela

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Jose Manuel Ortiz Soto copia   Cuando los recuerdos alcanzan al abuelo, todos a su alrededor pretextan cosas urgentes que hacer, y el viejo se va quedando solo, a merced de la melancolía.
En ocasiones, mi mano temblorosa ha tenido que enjugar sus lágrimas, como las veces en que rememora el accidente que hace años lo mantiene en esa silla de ruedas.
Mamá y la abuela acaban de venir a despertarme: «Tu abuelo agoniza, no pasará de esta noche», me dicen emocionadas; en su rostro no cabe más alegría. «En un rato estará junto a nosotros».

José Manuel Ortiz Soto

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manuel espada   Tras la última discusión decidí poner punto final a nuestra crisis de pareja. Al principio no supe qué hacer con tu cuerpo, así que te tuve tres días recostada en el sofá hasta que decidí enterrarte bajo las losetas del sótano. Fue entonces cuando comencé a imitar tu voz. Escuché el contestador hasta que hice mía esa forma de arrastrar la letra “erre”, como un gourmet francés. Luego estudié nuestros vídeos. Copié tus gestos rotundos, tu peinado caótico y esa manía tan tuya de mordisquearte la lengua con los paletos, como hacen los niños traviesos. Han pasado diez años desde que desaparecí y ahora te acusan de un crimen. Creen que me has hecho algo. Mi abogado ha presentado una apelación en el juzgado, pero mi única opción es que no registren la casa. Cariño, veo tu cara en el espejo y recuerdo que nunca fuiste rencorosa. Por favor, deja que recupere mi aspecto. Al fin y al cabo, yo te devolví la vida.

Manu Espada

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Paz Monserrat Revillo   Observa cómo la fila se hace cada vez más corta. Dentro de nada le tocará a ella. Mete el dedo justo donde se está descosiendo el dobladillo del uniforme. El hilo se tensa sobre su dedo y al final cede a la presión.
Esta vez solamente tiene una pelea con su hermano y una desobediencia a su mamá. Tonterías. Necesita urgentemente algo más.
Se da la vuelta y, sin que venga a cuento, le dice a su amiga que le han comprado un perro blanco.Ya le toca. Se acerca algo más tranquila al haber podido añadir una mentira a la raquítica lista de pecados que tiene esta semana.
Se arrodilla ante la celosía de color caoba, suspirando por hacerse mayor para aprender a pecar de verdad y así poder impresionar a ese cura tan guapo que han traído las monjas para que practiquen los rituales de la primera comunión.

Paz Montserrat Revillo

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juan-arguijo   A este mismo propósito un judío muy rico se convirtió en Roma, y a pocos días de cristiano le sucedió una grande desgracia en la hacienda. Consolábale su padre espiritual con decirle que con tales trabajos prueba Dios a sus mayores amigos. Respondió:
—Padre, no me espanto de que tenga Dios con sus amigos este trato; lo que me asombra es cómo en tan pocos días ha estrechado conmigo la amistad, tratándome como si nos hubiéramos conocido de muchos años atrás.

Juan de Arguijo
(Sevilla. 1560-1623) – Cuentecillos para el viaje.Ed. Popular-2011

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david_lagmanovich_jmv Apenas entró en el laberinto se sumergió en las tinieblas. Tonto de mí, pensó, además del ovillo debía haber traído una antorcha, cualquier fuente de luz. Pero ya estaba dentro: esperó que sus ojos se acostumbraran un poco a la oscuridad y avanzó tanteando las paredes. Iba dejando caer el tosco hilo del ovillo y temía que se le acabara, impidiéndole regresar. En más de una ocasión dudó en la intersección de dos pasajes, y varias veces rehizo sus pasos por haber tomado el camino equivocado. A medida que avanzaba, sin embargo, crecía su confianza: lo encontraré, pensaba, esta vez no se me escapará. ¿Qué haría ella, mientras tanto, allá arriba, casi en otro mundo? Después de un tiempo que le pareció infinito comenzó a advertir, no todavía la luz, sino una suerte de adelgazamiento de la oscuridad. Se movió con más facilidad en el tramo final. En el extremo del último pasillo vio una puerta o, más bien, una abertura en la que titilaba una luz temblorosa. Allí estaba el ser que buscaba: inmóvil, sentado de espaldas a la abertura en el muro, concentrado en la serie bélica que mostraba la pantalla del televisor.

David Lagmanovich
Después de Troya. Ed. Menoscuarto.2015

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Alberto-Chimal-LA-2007   Los actores salen del teatro cubiertos de copos livianos, blanquecinos: no es caspa sino la piel de sus personajes, vuelta ceniza.

Alberto  Chimal

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