Hemeroteca de la sección “General”

    La prostituta ha decidido dejar la calle y buscar un trabajo digno. Por recomendación de una persona caritativa, se dirige a la oficina de colocación laboral. La recibe un secretario con un traje barato y corbata oscura. Impresionado por su decisión y su belleza, le aconseja pensarlo antes de precipitarse. Todavía es joven y goza de buena salud. Llaman por el interfono al secretario, que acude al despacho del director. Le explica el caso de la prostituta. «Envíemela: veré qué puedo hacer por ella», le dice. Una hora después, el director y la mujer abandonan la oficina en el coche oficial. ¿Acaso hacia una nueva vida?

José Alberto García Avilés
Mar de pirañas. Menoscuarto. 2012

Comentarios No hay comentarios »

    Me desprendo del brazo, salgo a la calle. En el cielo, ya clareando, se dibuja, finita, la luna. La luna tiene dos noches de edad. Yo, una.

Eduardo Galeano

Comentarios No hay comentarios »

    Ser Alicia y Conejo y perseguirse por túneles variados y encontrarse y fundirse iniciar la mitosis dividirse ser Alicia y Conejo perseguirse.

Ana María Shua

Comentarios No hay comentarios »

    En su lecho de muerte, el moribundo tiene miedo a morir. Lo han conectado a una máquina que muestra, en una pequeña pantalla de color negro, su ritmo cardíaco en finos y fugaces trazos verdes. Parece su propio corazón subiendo y bajando montañas de vértigo con una agilidad inusitada. Es un pensamiento que debería confortarle en este trance tan delicado, pero no es así: se muere y punto. La ruptura con todo lo que le rodea es inminente e inevitable. Pronto dejará de estar presente y se convertirá en un frío dato para la estadística. Eso le entristece hasta tal punto que intenta desesperadamente ver el lado bueno de las cosas. Si después de la muerte no hay nada, es que no hay nada de qué preocuparse. Como tampoco le preocupan los miles de millones de años que han transcurrido antes de que él viniera a este mundo. Dentro de poco conocerá un nuevo orden, con reglas diferentes, aunque se limite a formar parte del polvo interestelar. No suena muy halagüeño, es verdad, pero también es cierto que su existencia en la Tierra no sólo ha pasado inadvertida para el universo exterior, sino incluso para los vecinos de su calle. Esto último le hace sonreír y por primera vez emite una sonora carcajada, que precipita su corazón desde lo alto de las escarpadas cumbres que aparecen en el monitor. Aunque cada vez se distancian más, como si fueran las estribaciones de una cordillera. Se ondulan y se hacen pequeñas, hasta desembocar en un valle aparentemente desértico, una línea infinita e inalterable, con forma de pista de aterrizaje, o de despegue.

Pedro Herrero
http://humormio.blogspot.com.es/search/label/D

Comentarios No hay comentarios »

    De niño me perfeccioné en la crianza de gusanos de seda. Llegados los primeros calores primaverales, el patio del colegio se transformaba en un zoco oriental donde los chicos traficábamos con hojas de morera. Muchos se afanaban en alimentar a aquellas larvas diminutas, pero eran pocos los que perseveraban y menos aún quienes alcanzaban a ver el lento y voraz crecimiento del gusano, su misteriosa hilatura, de la que emergía, al cabo de un tiempo, el prodigio nocturno de la crisálida, luego el revoloteo de su apareamiento, la apremiante puesta de huevos que tapizaba las paredes y por último la muerte, sobrevenida sin estertores en la noche sencilla. Yo supe muy pronto que el mundo de un escritor cabe en una caja de zapatos.

Juan Gracia Armendáriz
Mar de pirañas. Menoscuarto. 2012

Comentarios No hay comentarios »

    Mientras cabalgo sobre mi esposo, escarbo en las filigranas del cabecero y busco tras los pliegues de las cortinas. «Oh sí, mi amor sí», hurgo en los cajones, indago en el joyero, miro bajo las alfombras. «Oh sí, mi amor sí», sigo buscando, me estiro, alcanzo la puerta, me rompo, me desintegro, mi mano sale disparada del dormitorio, corre a gatas por el pasillo, entra en la cocina, abre la nevera y entonces sí, «oh sí, mi amor sí», acaricia quién sabe qué, lichis de Madagascar, frutas exóticas, mermelada de maracuyá. «¡Ah!»

Isabel González
Mar de pirañas. Menoscuarto. 2012

Comentarios No hay comentarios »

    Había tantos niños en el parque que volví a casa con uno que no era elmío. Éste traía a un padre de la mano y un par de palomas pegadas a las migas de la cazadora. Entre baños y prisas cuando me quise dar cuenta ya era tarde, una se encariña enseguida y además este crío dormía mejor que el mío. El padre cocinaba, hacía unos masajes de pies que me quitaban los atisbos incómodos de la conciencia y las dos palomas, instaladas junto a los geranios, cagaban sin cesar a la vecina antipática del tercero. La situación era perfecta, ellos no parecían haber cambiado de madre y daban a la vida un aspecto de continuidad natural y desenvuelta. Tanto, que me pareció extraño, pero cuando quise volver al parque para dejarlos de nuevo en su sitio no hubo forma de darles esquinazo. Ni ese día, ni los siguientes, y así llevamos quince años.

María Fraile
http://mariafraile75.blogspot.com.es/2016/01/parques-que-lugares.html

Comentarios No hay comentarios »

    A Leandro le encanta viajar en tren. No por evitar atascos o rememorar su niñez, sino por motivos más carnales: el vaivén del Cercanías, unido a la visión de tantos cuerpos voluptuosos, le provoca una excitación dificil de superar. Así, se pasa cada viaje imaginando las prácticas sexuales más retorcidas con cada una de las viajeras, encontrándoles a todas algún encanto. Al llegar a su parada marcha, casi a la carrera, hasta su trabajo y se alivia recordándolas. Una vez saciadas sus ansias se pone la sotana y se reconcilia con Dios repartiendo a sus feligreses castigos y penitencias.

Miguel Ángel Molina López
99×99. Microrelatos a medida.
Ediciones de Baile del Sol. 2016

Comentarios No hay comentarios »

   A dormir, que ya amanece. Recoged los cadáveres, niños.

Sonia Vergara

Comentarios No hay comentarios »

    Sobre su recurrente sueño siempre flotaba la angustia de despertarse.

Enrique Rius Peña
https://cortominuto.wordpress.com/2017/03/24/pesadilla/

Comentarios No hay comentarios »