Hemeroteca del 4 Abril, 2017

tomas borras   A la madre la habían confiado los dioses el secreto: «Mientras alimentes la llama de esa hoguera, tu hijo vivirá». Y la madre, infatigable, sostenía el fuego, vigilándole, sin permitir que disminuyese en intensidad ni alturas.
Así pasaron años. La madre, arrodillada ante el lar, veía cómo las ascuas alargaban sus alegres brazos escarlata, garantía de la vitalidad de su hijo. Sin dormirse, hora tras hora, agregaba al montón caliente nuevos troncos, en vela de su hermosa calentura.
Un día, por la puerta abierta que daba a los campos, entró una joven blanca, sonriente y hermosa, de paso seguro y ojos que miraban con gozo y fe al porvenir. Sin hablarla, ayudó a levantarse a la madre, sorprendida, la hizo un ademán de adiós, y se arrodilló ante el lar; a nutrir ella la crepitante llamarada.
La madre no preguntó. Súbitamente comprendía que era su relevo, que estaba obligada a ceder el turno a la desconocida, a la que se encargaba desde entonces de sostener el alimento de la incesante llama para que viviera su hijo.
Y, también en silencio, se salió de la casa y no se fue lejos; sólo donde podía prudentemente contemplar el humo delicado disolviéndose en el delicado azul.

Tomás Borrás
Después de Troya. Ed. Menoscuarto.2015

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