Hemeroteca del 3 octubre, 2017

    Todas las mañanas el muchacho, huérfano de madre, antes de ir a la escuela, preparaba el desayuno para su padre, postrado en el lecho desde hacía varios años, víctima de una enfermedad incurable, y sus hermanitos. Al volver al mediodía, preparaba la comida y por la tarde, lavaba, planchaba, cosía, y al anochecer, cuando todos dormían, hacía sus deberes. También estudiaba idiomas. Era el muchacho más bueno del pueblo. El párroco se interesó por él y consiguió que le nombraran “el muchacho más bueno del año”, en un concurso patrocinado por la emisora regional. Todas las vecinas se brindaron a ayudarle para que pudiera disfrutar del premio, “un viaje a París de diez días, para dos personas”. Le acompañó la maestra. En un mes no dieron señales de vida. Luego, su padre, en el lecho leyó lloroso una carta, del hijo, pidiéndole perdón, y advirtiéndole que se quedaban en París.

Alonso Ibarrola
No se puede decir impunemente ‘Te quiero’ en Venecia.Visión Libros. 2010
http://www.alonsoibarrola.com/

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