Hemeroteca del 5 octubre, 2017

     El teniente me dijo que yo era un negro roñoso. Le contesté negro sí, no lo niego, pero yo me aseo todos los días, mi teniente. El teniente me dijo que me había desacatado y me condenó a tres días de calabozo. Cuando salí, el teniente me volvió a decir lo de negro roñoso y no contesté nada. Después el teniente me dijo algo sobre mi hermana, que había venido del interior a visitarme. Le pedí con todo respeto que no hablara así de mi hermana. FA teniente me dijo entre risas que él me hablaba como quería, y que ya éramos cuñados. Entonces sentí en la mano el fierro que llaman arma reglamentaria y apreté el gatillo. El teniente no volverá a decir nada nunca más.

David Lagmanovich
El límite de la palabra. Ed. Menoscuarto – 2007

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