Hemeroteca del mes noviembre 2017

    Estamos los dos sentados en un pequeño plató de televisión, dos cámaras nos enfocan. El entrevistador me hace preguntas para un programa cultural al que he sido invitada como escritora. Él no escucha mis respuestas, no parecen interesarle lo más mínimo; sólo espera a que yo termine de hablar para dispararme la siguiente pregunta, que lee nervioso de unos folios que mantiene sobre sus rodillas.
Así que, harta de este estado de cosas, en un momento de la conversación yo también desconecto, y cuando vuelve a preguntarme, contesto algo que no viene a cuento. Pronto mantenemos entre ambos una conversación totalmente absurda.
Extrañamente, es en ese preciso instante cuando el entrevistador y yo nos sentimos más próximos, tanto que incluso podemos llegar a vernos, arropados los dos en nuestros mutuos lenguajes sin sentido.

Julia Otxoa
Más por menos. Antología de microrelatos hispánicos actuales. Sial ediciones-2011

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    Sólo ponían la televisión lo que duraba el noticiario para no gastar corriente; pero las noticias las tenían que saber porque él estaba en el paro ya hacía cuatro años y sin cobrar nada por ninguna parte. Y se le iba a echar encima la jubilación y luego la vejez, y ¿cómo se iban a arreglar los dos?
Su mujer estaba en la cama casi tullida por los reúmas que casi tenía desde joven, de cuando había sido lavandera, o que los había cogido con los relentes a lo mejor y, cuando él la estaba haciendo compañía en silencio o hablando de cosas, de repente la mujer decía:
—Ya van a ser las nueve. Pon la televisión a ver el tiempo que va a hacer y si ya ha pasado la crisis, y vamos a tener trabajo.
Y la mayor parte de los días la tele no decía nada de la crisis sobre si había pasado o no; y otros días casi siempre sólo decía que el Gobierno y el rey y esas gentes estaban muy preocupadas con el paro.
-¡A ver! —decía ella—. ¿Lo ves como no sólo somos nosotros?
Y así se consolaban un poco. Cenaban cualquier cosilla, un poco más contentos, y ya decía él:
—A ver mañana o pasado mañana.
Menos mal si él no caía enfermo mientras estuviera aquí la crisis todavía.

José Jiménez Lozano
Más por menos. Antología de microrelatos hispánicos actuales. Sial ediciones-2011

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    De mi abuelo heredé su sombra. Mi abuelo tenía el don y la gracia. El don porque en su paladar se veía una Cruz de Caravaca. La gracia porque lloró en el vientre de su madre. Así que no le mordían los perros rabiosos y tenía poderes. Por ejemplo, cuando íbamos al colegio, al entrar en el andén del metro, él levantaba la mano y el tren se detenía. Al cruzar las calles se situaba de espaldas al semáforo, se concentraba y hacía que el rojo se apagara y se encendiera el verde. Por las tardes, después de comer dejaba de respirar media hora y yo aprovechaba para ver los dibujos animados. Un día que fuimos al cementerio observé que al entrar en el panteón familiar desaparecía su sombra. Me dijo que aquello no eran poderes, que era por el sol, pero que cuando se fuera con la abuela me la dejaría como recuerdo. Ahora el abuelo se ha ido y he comprendido que me tomaba el pelo con lo del metro, el semáforo y dejar de respirar, pero me cuesta mucho explicar, a los que se dan cuenta, el motivo por el cual tengo dos sombras.

Javier Ximens
http://ximens-montesdetoledo.blogspot.com.es/2017/07/superabuelo.html

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   Sé que no te has dormido porque oigo el ruido que haces al pensar, que es más pedregoso que el de los sueños, como de ladera desmoronándose. Y si encendiera la luz, no me cabe duda de que estarían todos tus pensamientos desparramados por la cama. Pero no me atrevo a verlos. Cuando al fin, empujo sin convicción un «qué piensas» cauteloso por lo oscuro del espacio, contestas. Y ese «nada» tuyo suena como un disparo en el cuarto. Es como una guillotina que corta la cama en dos. Y yo me quedo a vivir, ya para siempre, en la parte más helada.

Miguelángel Flores
De lo que quise sin querer – Ed. Talentura – 2014

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    «Sí.» «Sí.» «Sí.» «Sí.» «Sí.» «Sí.» «Sí.» Blancanieves fue acogida por enanimidad.

Ikal Bamoa

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    Después de que Ulises le hizo el amor a Circe, ella dijo: «Eres un cerdo, condenadote»

Guillermo Samperio

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    Ignoraba quiénes eran sus padres y el lugar de su nacimiento. Tampoco tenía domicilio fijo.
Durante largas temporadas fue un perro vagabundo, sin amigos y maltratado por los hombres.
Con el discurrir de los años, la evolución de las costumbres y su inteligente aplicación en el trabajo, le proporcionaron la posibilidad de conseguir un puesto sobresaliente en la administración.
Era consultado con frecuencia para resolver cuestiones difíciles de alto interés en la vida civil.
Sus palabras se escuchaban con atención y se tenían muy en cuenta sus consejos y opiniones.
Comenzó a ser bien recibido en sociedad y alternaba con las mejores familias.
Su posición mejoraba a buen ritmo y, un día vio como, con la mayor naturalidad, las personas en torno suyo, en lugar de pronunciar palabras, empezaban a emitir ladridos.

Antonio Fernández Molina
Más por menos. Sial Ediciones.2011

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    El matrimonio de Rosalía y Pedro hubiera sido perfecto de no ser porque Pedro se negaba a viajar. Se excusaba diciendo que ya lo había visto sin necesidad de salir de casa, pues la televisión, el cine, los periódicos se lo habían mostrado en exceso. Pero tanto insistía Rosalía que fueron varias las ocasiones en que hicieron las maletas. En una, recién llegados a París, un niño se acercó corriendo a Pedro y le llamó repetidas veces papá. En otra, visitando una pequeña ciudad de Inglaterra, una niña hizo lo mismo, llamándole daddy. Y, claro, ya no hubo forma de sacarlo de casa, pues ahora Rosalía era la primera que se negaba.

Juan Pedro Aparicio
Más por menos. Sial Ediciones.2011

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    Ante lo sublime del paisaje él sintió la necesidad de expresar sin palabras lo que resonaba en su corazón desde que la conoció. Estaban en lo más alto del monte, a sus pies se encadenaban los lagos y frente a ellos, tras los lagos, la cordillera se erguía majestuosa y nevada.
Él buscó por el suelo rocoso alguna mínima flor, no digamos ya un edelweiss, y sólo encontró una varita de plástico verde flúo, de esas que se usan para revolver el trago. Se la brindó a ella como una ofrenda: es mágica, le dijo.
Y ella, que compartía sus sentimientos, la aceptó como tal y para demostrárselo elevó la varita mágica en el aire y con gracioso gesto señaló el pico más alto que asomaba inmaculado a través de las azules transparencias pintadas por la lejanía.
—Quiero una mancha roja allá, conminó.
Y ambos rieron.
Quien no pudo reír en absoluto fue el alpinista solitario que perdió pie en ese preciso instante y se desplomó sobre las afiladas aristas del barranco, poniendo una mancha roja precisamente allá, en el pico más alto.
Allá donde ni los dos enamorados ni nadie lograrían jamás verla.

*Para Claude Bowald

Luisa Valenzuela
Más por menos. Sial Ediciones.2011

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    Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.
A la vuelta, contó. Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos.
—El mundo es eso —reveló—. Un montón de gente, un mar de fueguitos.
Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende.

Eduardo Galeano
Más por menos. Sial Ediciones.2011

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