Hemeroteca del 9 noviembre, 2017

    Al caer la noche, el comando especial de asalto desciende de las montañas hasta el valle, con objeto de atacar por sorpresa una posición enemiga. Fuertemente pertrechados, los soldados se abren paso en la espesura, precedidos a cierta distancia por el cabo Birdy, un experto en imitar el sonido de las aves, encargado de establecer una posición avanzada de vigía. Después de comprobar que hay vía libre para el ataque, el cabo Birdy cierra las manos en torno a su boca, tensa los labios y emite el gemido profundo y lastimero de la hembra de búho en celo. Es la señal convenida. Pero entonces, desde lo alto de una rama, un búho macho, atraído por el llanto de la hembra, responde al reclamo sexual con vigoroso entusiasmo. El cabo Birdy se queda perplejo y los soldados detienen su avance, confusos ante la duplicidad de mensajes cuyo significado global les genera un mar de dudas. Pasan las horas, poco a poco transcurre la madrugada. El manto oscuro de la noche va cambiando de color, a medida que aparecen por doquier las primeras gotas de rocío. Al alba, que llega envuelta en brumas, los miembros del comando, tiernamente agazapados en la hierba, aún esperan instrucciones. Mientras el búho y el cabo Birdy no acaban nunca de hablar de sus cosas.

Pedro Herrero
Los días hábiles. Serial Ediciones. 2016

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