Hemeroteca del 12 enero, 2018

  Ada y yo estábamos profundamente enamorados. Yo un día le había dicho: “No joyas, sino hijos te daré”. Ella se emocionó muchísimo. Al día siguiente me rogó le repitiera lo mismo. Y yo dije: “De ninguna manera joyas, cuestan mucho”. Se enfadó. Nuestras relaciones terminaron cuando yo un día imaginé: “Tú, paralítica, en una silla de ruedas y yo siempre a tu lado”. “No, no —decía ella—, no podría resistirlo. Te rogaría que me dejaras”. La muy imbécil no supo darme una contestación satisfactoria a sus palabras, porque se echó a llorar. La dejé por egoísta.

Alonso Ibarrola
No se puede decir impunemente ‘Te quiero’ en Venecia.Visión Libros. 2010
http://www.alonsoibarrola.com/

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