Hemeroteca del 8 febrero, 2018

  El plan, en su primera fase, salió a la perfección. En pleno vuelo, conminaron al comandante del avión para que aterrizara en el aeropuerto más cercano. Ningún pasajero ni miembro alguno de la tripulación opuso resistencia. Una vez que hubieron tomado tierra, los secuestradores ordenaron tanto a los tripulantes como a los pasajeros que se desnudaran. Pensaban que así les resultaría más penosa una posible huída por las pistas de aterrizaje ante tantos miles de ojos. Porque la noticia había corrido como la pólvora y cientos de curiosos se agolpaban para ver el aparato secuestrado. La policía impedía que se aproximaran. Los secuestradores exigieron un millón de dólares. Las autoridades se negaron. Rebajaron sus pretensiones, pero la negativa persistía… Por último, dado que se conformaban con mil dólares, los mismos pasajeros reunieron la cantidad requerida y, previa devolución de sus vestidos, entregaron el dinero a los secuestradores y abandonaron el avión. Pero éste no podía despegar porque a juicio del comandante necesitaba combustible. Las autoridades pretendían cobrar su importe y los secuestradores, al ver que les tocaba poner algo de su bolsillo, decidieron entregarse. En medio de las carcajadas generales, se introdujeron abochornados y cabizbajos, en el furgón de la policía.

Alonso Ibarrola
No se puede decir impunemente ‘Te quiero’ en Venecia.Visión Libros. 2010
http://www.alonsoibarrola.com/

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