Hemeroteca del 2 marzo, 2018

 ¿Qué fuerza, qué imán, qué poder oculto tenía aquel viaducto que inducía a la gente a arrojarse desde él? Nadie lo sabía. Un día, un hombre de aspecto modesto. En otra ocasión una señora de edad avanzada que, antes de saltar la barandilla con grandes dificultades, depositó el capazo con la compra del mercado cuidadosamente sobre la acera… En cierta ocasión, otro hombre que transitaba por el viaducto escuchando a un sacerdote abandonó de improviso la compañía de este último y se arrojó rápidamente al vacío. El sacerdote expresó un gesto de impotencia… Colocaron a un guardia de vigilancia y con el tiempo también el guardia se arrojó al vacío. Colocaron a otro guardia, al cual doblaron el sueldo, y éste continuó en su puesto, por fortuna, hasta el día de su jubilación… Murió también en el acto.

Alonso Ibarrola
No se puede decir impunemente ‘Te quiero’ en Venecia.Visión Libros. 2010
http://www.alonsoibarrola.com/

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