Hemeroteca del 12 marzo, 2018

  Lo raptaron cuando salía, por la mañana temprano, de su casa camino del trabajo. Lo metieron en un coche a la fuerza y no tuvo oportunidad alguna de reaccionar. Quiso protestar, al tiempo que le colocaban la venda en los ojos, la mordaza en la boca y las ligaduras en las muñecas, pero un fuerte codazo en el vientre le hizo desistir. Les advirtió que no tenía dinero en cantidad apreciable en su cuenta corriente, pero los secuestradores no dieron importancia alguna al hecho. Ellos pretendían una buena suma de la empresa donde trabajaba y ocupaba un alto cargo… Y lo consiguieron. Cuando lo liberaron, corrió a abrazar a su mujer, a sus hijos, a los amigos y compañeros de trabajo. El abrazo más emocionado lo dedicó al Presidente del Consejo de Administración de la empresa, que días más tarde, cuando la emoción de los momentos vividos se hubo disipado, le comunicó que el importe de su secuestro corría en su mitad a cargo de la empresa, pero que de la otra mitad se haría cargo él, por supuesto en cómodas mensualidades a descontar de sus emolumentos. En diez años dejaría saldada la deuda. También le aconsejó que fuera armado en lo sucesivo.

Alonso Ibarrola
No se puede decir impunemente ‘Te quiero’ en Venecia.Visión Libros. 2010
http://www.alonsoibarrola.com/

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