javier xi  En invierno, todas las tardes el mismo dilema con las limosnas, si comprar un chusco de pan y algo de engaño o picón para el brasero.
Por las mañanas subo a Madrid siguiendo las recuas de mulas con carros que llevan el pan desde Vallecas. Si tengo suerte —y no me lo quitan antes los mayores—, un bache o tropiezo deja caer una hogaza que se rompe en mil pedazos y guardo algunos en mis bolsillos. Otros días, si no he podido pegar ojo por el frío, llevo un capacho para intentar recoger la carbonilla que pierde el pequeño tren que sube a los cuarteles de Atocha.
Al atardecer, en la puerta de la chabola, enciendo el brasero con trozos de madera y papel. Mientras se prende el carbón, hablo con los vecinos que se acercan a buscar mendrugos en cama de galgos. Luego, arrebujado con las faldas de la mesa camilla, me caliento el cuerpo y me entretengo con una radio.
Sin embargo, días como hoy que tengo tanto frío y el hambre me causa dolor tan fiero, lamento no haber muerto en el vientre de mi madre, allí, tibio y alimentado.

Javier Ximens
http://ximens-montesdetoledo.blogspot.com.es/2015/04/gente-de-pena.html
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