raul brasca  Con inflexible rigor, su padre lo había echado de la casa cuando aún era un muchacho. Sin embargo ahora, pasados veinte años, quiso que volviera y mandó que le adelantaran dinero a cambio de un borroso servicio por cumplir.
Él volvió. Era temido y tenía fama de ser tan estricto con su palabra como inexorable en el trabajo. La noche convenida le señalaron a su víctima. Silencioso, se le acercó por atrás y amartilló el arma. El padre se dio vuelta. Sin el menor signo de turbación, los dos hombres se sostuvieron la mirada. Perdió el sicario: bajó los ojos y puso el revólver en la mano que el padre le extendía.
-Gasté el dinero -dijo-. Pero nunca he robado ni faltado a mi palabra.
-Y no va a ser por mí que lo hagas -dijo el padre y, tan inflexible como hacía veinte años, se llevó el revólver a la sien y disparó.

Raúl Brasca
Ciempies. Los microrelatos de Quimera. Montesinos 2005
Un comentario en “2.929 – El sicario”
  1. Amparo dijo:

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