-¡Yo les voy a enseñar!– grité cuando sorprendí a mi mujer con su amante en el momento supremo del placer. Comenzaban a balbucear “Aaa…” cuando el mismo disparo los atravesó a los dos. Insistentes, continuaron con la misma vocal unos pocos segundos: “¡Aaaaaaaaa!”. Murieron antes de aprender a pronunciar la “b”.

Rubén Faustino Cabrera
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