De mi abuelo heredé su sombra. Mi abuelo tenía el don y la gracia. El don porque en su paladar se veía una Cruz de Caravaca. La gracia porque lloró en el vientre de su madre. Así que no le mordían los perros rabiosos y tenía poderes. Por ejemplo, cuando íbamos al colegio, al entrar en el andén del metro, él levantaba la mano y el tren se detenía. Al cruzar las calles se situaba de espaldas al semáforo, se concentraba y hacía que el rojo se apagara y se encendiera el verde. Por las tardes, después de comer dejaba de respirar media hora y yo aprovechaba para ver los dibujos animados. Un día que fuimos al cementerio observé que al entrar en el panteón familiar desaparecía su sombra. Me dijo que aquello no eran poderes, que era por el sol, pero que cuando se fuera con la abuela me la dejaría como recuerdo. Ahora el abuelo se ha ido y he comprendido que me tomaba el pelo con lo del metro, el semáforo y dejar de respirar, pero me cuesta mucho explicar, a los que se dan cuenta, el motivo por el cual tengo dos sombras.

Javier Ximens
http://ximens-montesdetoledo.blogspot.com.es/2017/07/superabuelo.html
4 comentarios en “3.495 – Superabuelo”
  1. silvia ginesta dijo:

    que puedo decirte, hermano, nada, porque tu lo has dicho primero.

  2. Kisquilla dijo:

    Sencillamente genial.

    Ya me gustaría a mi tener dos sombras como Ximens … y dos luces…

  3. Nani dijo:

    Precioso relato Ximens y el final me ha encantado. Es tierno a la vez que simpático. felicidades.
    Besicos muchos.

  4. Elena Casero dijo:

    Muy buen relato de Javier Ximens.

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