Estaba casado, tenía seis hijos, pero presumía de “conquistador”. Según él, ninguna mujer se le resistía. Todas caían, enamoradas, en sus brazos. Los amigos le envidiaban, le admiraban. “¿Cómo lo haces, qué les dices?”. Pero él se encerraba en un mutismo enigmático. No era cuestión de descubrir la miserable realidad de sus promesas… de falso hombre soltero. Juraba amor eterno, fidelidad absoluta, más allá de la vida y la muerte; mostraba las fotos de sus ancianos padres; las cartas de una primera novia que murió (auténticas, desde luego) y la ambición de compartir un hogar cristiano. Ambicionaba tener seis hijos por lo menos y llegado a este punto, insistiendo en el mismo, es cuando conseguía su propósito. Porque para tener tantos hijos era preciso actuar de prisa y sin pérdida de tiempo…

Alonso Ibarrola
No se puede decir impunemente ‘Te quiero’ en Venecia.Visión Libros. 2010
http://www.alonsoibarrola.com/
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