rana Al despertar, lo vio dormido a su lado. La noche anterior había dejado de ser virgen. La reina en ese momento entró a la habitación.
-¡Dios santo, hija mía! ¿Quieres explicarme esto?
-Verás, madre: anoche después de la cena salí a los jardines y en una fuente encontré un sapo que ante mi asombro comenzó a hablar.

Luis Felipe Hernández
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