De la mano de su padre, el niño espera en el semáforo. Muñeco rojo, no pasar. Muñeco verde, sí pasar. Le gusta ver cómo el muñeco verde acelera el paso paulatinamente a medida que transcurren los treinta segundos y, sobre todo, cómo corre en los últimos cuatro. Ahí empieza la carrera, y el niño siempre gana entre risas al muñeco verde. Ocurre al menos dos veces al día, en el trayecto de ida y vuelta de la guardería, y no pasa de ser un juego inocente. Pero el muñeco verde no perdona. Medio siglo después una furgoneta le ayudará en la revancha.

Antonio Serrano Cueto
http://antonioserranocueto.blogspot.com/
Un comentario en “1.193 – El semáforo”
  1. Nicolás Jarque dijo:

    Buena vuelta de tuerca para convertir el relato tierno en uno macabro.

    Me gustó esa conversión.

    Saludos.

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