Mientras Aladino duerme, su mujer frota dulcemente su lámpara maravillosa. En esas condiciones ¿que genio podría resistirse?
Esta entrada se publicó el Domingo, 24 junio, 2012 a las 7:30 am y está archivada en Ana María Shua, Cuentos. Puedes seguir los comentarios de esta entrada en el RSS 2.0 feed. Puedes escribir un comentario, o hacer trackback desde tu blog.
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