Decidido a escribir su mejor relato erótico, comenzó apasionadamente con los preliminares. Su ansiedad le jugó en contra, no lo pudo acabar.

Silvia Malatesta

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   Pasé a buscarla. Me dijo que era virgen. Fuimos a un hotel. En el momento del éxtasis, juntó sus manos como orando, se elevó y desapareció.

Daniel Bilbao

Ilustración: Cerda. La casa de la Portera

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   Una sobre otra, las bocas se confunden: abrazan los bordes, los rebosan, derriban el horizonte encendido de sus líneas. Rompen olas sobre las playas de la lengua, se sumergen entre la sed y el océano profundo que las bebe. Los labios encarnan, uno en el otro, prueban la mezcla de sal y de secretos, ríen, acarician la piel adormecida: se desprenden.
Lentamente vuelven a ser boca.

Mónica Sánchez Escuer

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  Un señor utiliza sus energías en coleccionar objetos. Otro decide eliminar los que tiene. Cuando no le quedan objetos materiales, comienza a eliminar movimientos, ideas, recuerdos, sentimientos, que considera innecesarios. Llega a una inamovilidad completa. El coleccionista los recoge para colocarlos en un gran armario entre sus otros objetos.

Alexandro Jodorowsky

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    En los entierros de la ficción siempre llueve. Llueve en los callejones sórdidos, donde los borrachos dirimen sus diferencias a botellazos. Llueve indefectiblemente tras las violaciones, mientras la víctima alcanza con dificultad el portal de su casa y se encoge llorosa en el segundo peldaño de la escalera. Llueve cuando los personajes se entristecen y miran por las ventanas de sus áticos, añorando algo o a alguien. Cuando no reciben la ansiada llamada, cuando la distancia se hace insalvable. Llueve, por supuesto, en el abrazo doliente de una madre a su hijo, cuando carga con su cuerpo pequeño por el centro exacto de la calle, y llueve sin remisión en el momento definitivo de la muerte.
Si los meteorólogos lo advirtieran, quizá basarían sus predicciones en el ánimo de las personas. Laura ha sido abandonada por su novio y duda si interrumpir el embarazo de su tercer hijo, por lo que se aproxima un frente nuboso a última hora de la tarde. A Martín le han echado hoy del trabajo. Mezcla Tanqueray con cerveza en la barra de un bar de mala muerte (¿acaso la hay de algún otro tipo?), mientras selecciona escrupulosamente las palabras con las que se lo contará a su mujer, de modo que las precipitaciones alcanzarán hoy los seiscientos metros cúbicos en su calle. Manuel está a punto de averiguar que su madre, a la que creía haber perdido cuando sólo era un niño, está recluida en una institución psiquiátrica de la que no podrá salir jamás, por lo que Protección Civil recomienda a la población que no salga de su domicilio ante el riesgo de que la intensidad de las lluvias desborde ríos y pantanos.
Llueve sobre los diagnósticos desfavorables, sobre las despedidas, sobre los abandonos y los descubrimientos trágicos. Llueve sobre las estaciones y los cementerios, sobre las ausencias transitorias y las definitivas. Llueve sobre rupturas y reconciliaciones, sobre la soledad y el miedo; llueve sobre el dolor de las madres, que es tres veces dolor. Llueve, digámoslo ya, por no llorar.
Llueve también ahora que termino estas líneas, y me pregunto qué inevitable tragedia estará a punto de sobrevenir.

Fernando León de Aranoa
Aquí yacen dragones. Seix Barral, Biblioteca Breve.2013

aquiyacendragones

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    Le llamaban todos “Búffalo Bill“, por su vestimenta y por su manera de comportarse. Cogió su revólver y disparó al exterior subido a lo alto del muro que circunda el sanatorio psiquiátrico y que da a un huerto. “Un búfalo menos”, dijo enfundando el revólver, y soplando antes para dispersar el humo producido. Fuera, en el exterior, un campesino quedó tendido en el suelo, mientras una mujer lanzaba gritos desgarradores arrodillada a su vera. “Búffalo Bill” contempló el espectáculo y no se inmutó. Minutos más tarde se retiraba. De esta manera no pudo observar cómo el campesino y la mujer se ponían en pie. La pareja estaba ya acostumbrada a estas “actuaciones de Búffalo Bill”. Pertenecían al personal del sanatorio y cobraban un plus que la familia del enajenado pagaba religiosamente.

Alonso Ibarrola
No se puede decir impunemente ‘Te quiero’ en Venecia.Visión Libros. 2010
http://www.alonsoibarrola.com/

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    El inconsciente surge a la primera provocación ¿y qué puede hacer una? Sino rabiar de celos disimuladamente y admitir que sus celos son irracionales y no pronunciar reproche, censurando cualquier gesticulación delatante, y frustrarse porque comprende que no merece el desquite,  puesto que el inconsciente ajeno es ajeno pues, incapaz de sutilezas ni consideraciones al amor propio que no sea el propio. Y entonces desviar su ira hacia el objeto/sujeto de sus celos, y concentrarse mucho para que sufra de combustión espontánea o tropiece dentro de un nido de hormigas carnívoras, y en caso de que fallare la concentración, preguntarse ¿qué clase de mecanismo fisiológico de autoconservación son los celos? ¿qué hubieran hecho mis abuelas ancestrales en este caso? Y lamentar que una carezca de caverna y mazo; y envidiar a las mujeres de arrabal que han preservado su derecho a desgreñar, rasguñar y maldecir; y recordar que una es muy decente y reprimir los instintos hasta que le duela a una la barriga o hasta que la plática de alguien le distraiga; e inhalar profundo y exhalar y girar los hombros y relajar el cuello, y hacerle una bromita ingenua al que mostró sin querer sus deseos ocultos “jajaja ya mostraste tus deseos ocultos jajaja qué risa”, y pensar para una misma “pero ya vendrá el turno de que surja mi inconsciente a la primera provocación y reza porque no esté sujetando una plancha o la sartén”.

Yunuén Rodríguez
http://yunrodriguez.blogspot.com.es/

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    —Pero Margarita ¡Créeme por favor!, es mentira que las camelias curen la tuberculosis.

María Guadalupe Rangel

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    Si usas la lengua practica el texto seguro. Interrogaciones y exclamaciones incluyen 69 obligatorio. ¡Ábrelas y ciérralas!: ¿? ¡!

Günter Petrak

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    La policía de Montecarlo busca desde la semana pasada a un niño de cinco años, desaparecido en la fiesta de su propio cumpleaños. El mago que animaba la velada no pudo concluir su truco más famoso, que consiste en introducir a la gente en una jaula hermética para volverla invisible, porque falleció en pleno acto, de un colapso cardíaco. La joven que asistía al mago se declaró incompetente cuando la concurrencia, muy alarmada luego de comprobar que la jaula seguía vacía, le exigió la devolución pronta del niño.

Eduardo Berti
Mar de pirañas. Menoscuarto. 2012

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