Entradas con la Tag “Domingo”

  No sacudiré más las sábanas por la ventana. Los vecinos protestan. El patio se ha colmado de hombres desnudos que miran, compungidos, hacia mi dormitorio.

Miguel A. Zapata

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  Hay mujeres temerarias que practican el texto oral sin protección…

Günter Petrak

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  El más terrible de todos los sentimientos es el sentimiento de tener la esperanza muerta.

Federico García Lorca

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  Durmiendo, nos vio.
Helena soñó que hacíamos fila en algún aeropuerto.
Una larga fila: cada pasajero llevaba, bajo el brazo, la almohada donde había dormido la noche anterior.
Las almohadas iban pasando a través de una máquina que leía los sueños.
Era una máquina detectora de sueños peligrosos para el orden público.

Eduardo Galeano
Más por menos. Sial Ediciones.2011

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 El dictador se creyó vitalicio, hasta que una noche escuchó la angustiosa cercanía de la masa poniéndole fin a su delirio.

Carolina Lozada

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  El fotógrafo prepara su trípode y mete la cabeza bajo la manga. Aprieta el botón. Todo lo que hay delante del objetivo se precipita hacia él. Queda en el mundo un hueco incomprensible y ya no se podrá llenar con nada.

Antonio Fernández Molina
Más por menos. Antología de microrelatos hispánicos actuales. Sial ediciones-2011

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 Los carpinteros de la localidad de Weil construyen todos los años pequeños pájaros de madera que pintan luego de colores para colocarlos sobre las ramas desnudas de los árboles cuando llega el invierno. Luego al acercarse la primavera, se hace con todos esos pájaros una gran hoguera en la plaza central; dice la gente que sólo entonces se les oye cantar entre las llamas.

Julia Otxoa
Más por menos. Antología de microrelatos hispánicos actuales. Sial ediciones-2011

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   Hoy es el último día del año.
Mientras escribo estas líneas, las horas se deslizan hacia poniente como una flecha hacia el centro de la diana. Sabemos que esto de los años y las semanas y los meses es una convención, un acuerdo, un pacto, un convenio, en fin, al que hemos llegado entre todos tras unos miles de años de convivencia. Pero el hecho de que sea una convención no aminora su fuerza.
A lo mejor, un día descubrimos que también el hígado era una convención, y el páncreas, y las transaminasas. Cómo saber dónde está la frontera entre las convenciones y los órganos. Seguramente, el catarro es una convención, la más universal de todas, junto a la úlcera de duodeno. Pero el conocimiento de ello no reduce la secreción nasal ni el dolor de las vísceras.
El día ha amanecido con una lluvia fina. Me desperté a las siete, leí un poco y me dije que hoy no escribiría. ¿Para qué? Mañana no hay periódicos y pasado mañana un artículo como éste será una antigualla insoportable. Sé que cuando lo acabe y lo meta por la abismal grieta del fax tendré la misma impresión de improbabilidad que el náufrago al arrojar la botella con su mensaje dentro.
El fax, en días como hoy, parece un océano: no sabes dónde puede ir a parar lo que introduces en él. El fax es otra convención: hemos llegado al acuerdo de que el artículo que metes por un sitio sale por otro que a lo mejor está a 500 kilómetros de distancia, pero eso no es posible. ¿Cómo va salir por una grieta de allí la hoja que yo introduzco en la de aquí? Eso no se lo cree nadie; de hecho, es una de las convenciones que más está costando sacar adelante: la mayoría de la gente, después de poner un fax, llama al destinatario para asegurarse de que ha recibido el mensaje, porque es que le parece increíble.
La convención del fin de año segrega más jugos digestivos que un hígado. Por eso no quería que llegaran las doce sin desearles lo mejor para el próximo año, aunque les llegue con retraso, o no les llegue porque lo devore el fax. Felicidades.

Juan José Millás
Articuentos completos. Ed. Seix barral. 2011

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    Un día, por estas fechas, llegó a casa de algún modo inexplicable un jamón. Su presencia produjo en la familia un choque emocional indescriptible. Parecía una pata incorrupta más que un fiambre. Lo colgamos del techo de la despensa y cada poco íbamos a adorarlo en su soledad aromática. Mi madre nos explicaba cómo debía partirse y de qué grosor debían ser las lonchas, asegurando que en las profundidades de aquella carne oscura permanecía enterrado un hueso que serviría para hacer caldo. Pero si le preguntábamos cuándo comenzaríamos a comérnoslo, ella decía indefectiblemente:
—Cuando tengamos un cuchillo de cortar jamón.
No creáis que sirve cualquiera. Habíamos aceptado que aquel cuchillo específico debería aparecer de un modo extraordinario o sobrenatural en nuestras vidas y esperábamos su advenimiento con ansiedad religiosa. Entre tanto, por mi casa pasaban cada tarde amigos del colegio que venían a ver el jamón. Los recuerdo entrando en la vivienda sobrecogidos ya por lo que les habíamos contado, pero cuando abríamos la despensa y aparecía colgado del techo aquel resto porcino cubierto de grasa dorada y melancólica, la gente no llegaba a caer de rodillas, pero casi.
Y cuando mis padres tenían visita, después de haberles dado de merendar un café con galletas revenidas, mi madre se disculpaba por no haberles ofrecido un poco de jamón.
—Es que no tenemos cuchillo —añadía a modo de disculpa.
Como quiera que las visitas pusieran un gesto de escepticismo, ella iba a la despensa y volvía con el fiambre en brazos, mostrándolo con el mismo orgullo que si se tratara de un hijo que hubiera terminado empresariales.
A los pocos meses, comenzaron a salirle gusanos de lo más hondo, pues quizá estaba mal curado, y no tuvimos la oportunidad de contemplar el milagro del hueso. En lugar de tirarlo a la basura, lo enterramos en el patio de atrás, como si hubiera fallecido, y hasta hace muy poco, siempre que pasábamos por delante de su tumba, derramábamos unas lágrimas. Felices Pascuas.

Juan José Millás
Articuentos completos. Ed. Seix barral. 2011

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    Apagó la pantalla del televisor, miró a su alrededor, y se convenció de que lo que ahora estaba viendo era algún otro capítulo deshilvanado de aquella misma telenovela.

Jorge Timossi

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