Entradas con la Tag “Domingo”

  Lo siento moverse en su elemento líquido, chocando contra las paredes que le cierran el paso y tengo la confirmación de que se trata de un pez, un gran pez escamoso con doble hilera de dientes que crece inmoderadamente en mi vientre, un pez que pariré cerca del mar porque su felicidad (la de mi hijo) es más importante que la mía, la que su proximidad (un gran acuario de cristal) podría darme.

Ana María Shua
Cazadores de letras. Ed. Páginas de Espuma.2009

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  La melancolía de una vida demasiado corta para tantas bibliotecas. Cuando creés que has aprehendido plenamente cualquier cosa, la cosa lo mismo que un iceberg tiene un pedacito por fuera y te lo muestra, y el resto enorme está más allá de tu límite.

Julio Cortazar
Rayuela

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  En vano intenta la muerte suicidarse.

Javier Puche
Cuentos de seis palabras

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  —Ya puede empezar el trasplante, doctor.

Alejandro Alcalde Vicente

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  Comió el corazón que le trajeron, tal y como ordenaba la tradición, pero esa noche no pudo dormir. Inquieta, ordenó llamar al cazador, que le aseguró que el corazón era de la princesa, y como prueba le mostró también su cabeza. La reina sonrió, apaciguada.
Odiaba la carne de ciervo.

Espido Freire
Antología del microrelato español (1906-2011). Ed. Catedra.2012

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  En dos palabras puedo resumir cuanto he aprendido acerca de la vida: sigue adelante.

Robert Frost

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 Es el diablo el que da cuerda a los despertadores y por eso, cuando suenan, nuestro primer pensamiento suele ser sucio y blasfemo. Quienes se levantan a golpe de timbrazo son grandes pecadores: salen de casa con un nubarrón en la cabeza y siempre llevan al día la cuenta de sus rencores; sin embargo, los perezosos, los que se despiertan mansamente con la caricia del sol, son incapaces de cometer ningún pecado grave. En el Cielo no hay un solo despertador.

Óscar Esquivias

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  La noche no quiere venir
para que tú no vengas
ni yo pueda ir.

Pero yo iré
aunque un sol de alacranes me coma la sien.
Pero tú vendrás
con la lengua quemada por la lluvia de sal.

El día no quiere venir
para que tú no vengas
ni yo pueda ir.

Pero yo iré
entregando a los sapos mi mordido clavel.
Pero tú vendrás
por las turbias cloacas de la oscuridad.

Ni la noche ni el día quieren venir
para que por ti muera
y tú mueras por mí.

Federico García Lorca

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  No sacudiré más las sábanas por la ventana. Los vecinos protestan. El patio se ha colmado de hombres desnudos que miran, compungidos, hacia mi dormitorio.

Miguel A. Zapata

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  Hay mujeres temerarias que practican el texto oral sin protección…

Günter Petrak

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