Entradas con la Tag “Miércoles”

  Las hueveras de alpaca relucían en la mesa y el café humeaba igual que una chimenea, pero eso no era lo que en realidad llamaba la atención a Prudens, no, ciertamente no eran esas relucientes hueveras sobre la mesa con mantel bordado…, El vestido de rosas rojas y mangas bombachas estaba listo; ella lo habría recogido a primera hora del día, realmente eso era lo que la hacía feliz, lo que la exaltaba, de modo que allí estaba pendiendo de una percha en su habitación, cada cual lo habría visto y alguien habría dicho que era un vestido superfluo, anodino. El dolor que sintió Prudens cuando oyó eso fue el mismo dolor aquel, que Helena le produjo cuando le perforó el lóbulo de las orejas, si, realmente fue ese pinchazo el que la habría hecho derramar lágrimas en silencio…,
Hubiera preferido recibir mil azotes; hubiera preferido asentir a las tediosas clases de costura los miércoles y los viernes, pero no fue así; realmente el suelo se hundió bajos sus pies mientras retumbaba en las paredes de la sala el desprecio absoluto y la negación de lo que, para ella era evidente; por lo tanto la tarde habría caído y la noche habría llegado y Prudens habría derramado otra vez aquellas lágrimas en silencio.

María Gladys Estévez

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  Los niños vieron a los policías en la puerta del aula y al profesor haciéndoles señas para que se esperaran un momento y lo dejaran terminar de decir lo que estaba diciendo. Pero los policías entraron y se lo llevaron. Y los niños asustados fueron a la señorita Aurora: no deje que se lo lleven. Y la señorita Aurora indicándoles con las manos que se apaciguaran, y asiento, asiento, que si yo intento hacer algo me llevan a mí también y ustedes se quedarán sin saber lo que les voy a decir. Y contó apresurada la historia inmemorial de los que luchan por el bien de todos y, apuntando discretamente con los ojos al profesor del aula del fondo que llegó hasta la puerta, se saltó al tema del descubrimiento de América, y los niños, con el corazón heroico, la vieron buenísima y enorme y le pidieron que también les hablara del viaje a la luna.

Jorge Díaz Herrera
Más por menos. Sial Ediciones.2011

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    Los ladrillos se desprenden de los cimientos. La casa avanza con lentitud, como un dinosaurio viejo. Cruza la calle, es un buque de dos pisos que se aleja. Por unos segundos pienso que se derrumbará, pero sigue moviéndose como si nada. Desbarata los patios, revienta los tendederos donde la ropa blanca intenta sostenerse. Su torre cuadrada se lleva los cables de luz. Parte en dos la calzada y captura a las palmeras. Se aleja de mí. Sólo entré una vez y el recuerdo también se va, viaja con ella, lo puedo ver en el balcón central, es una mancha llena de imágenes que con los minutos se van desvaneciendo.
No puedo creer que ya no esté en su lugar, duró tantos años quieta, muy quieta, haciéndose vieja, tan familiar para los vecinos. Víctima de abandonos, de maltratos, de restauraciones. Quiero seguirla, pero avanza rápido y se pierde en las espaldas de los edificios. Desciende la noche, a pesar de la negrura, ahora es más fácil verla. En su andar la luna se atora en la torre, una mujer de lentes intenta liberarla. La casa no deja de avanzar. Puedo verla porque lleva su propio, inmenso foco encendido, todo lo demás es oscuridad. Es codiciosa porque en ella navegan los fantasmas que se fueron refugiando, con el tiempo, sobre las macetas del patio, dentro del sótano, entre la ropa del closet, en el horno cálido de la cocina.
Ya no la veo, sólo a la luna que desistió de luchar por zafarse, se resigna a perder su rumbo y sigue el mapa que va dejando la casa por toda la ciudad. Ahora yo formo parte del caos que dejó a su paso, mi mente está vacía, mis pensamiento se fueron con ella.

Gabriela d’Arbel

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    Los catorce de cada mes acudía a una tertulia de partidarios de la república. Un día sintió un escrúpulo de conciencia y se lo comentó a su amigo Alfonso. “Creo que no volveré más. Me duele que los compañeros se engañen conmigo, porque, aunque la república me parezca teóricamente la forma más racional de gobierno, nos está yendo tan bien con esta monarquía recién instaurada que no daría un suspiro por derrocarla, más bien todo lo contrario.” “¡Ah, con que es eso! —le replicó Alfonso—. Me habías asustado. Tranquilízate y sigue viviendo. Piensa que si viviéramos en una república, dado nuestro peculiar talante, con toda probabilidad tú y yo iríamos a una tertulia de monárquicos.”

Juan Pedro Aparicio
Más por menos. Sial Ediciones.2011

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   Antes de ir a la ducha de media noche, me sentaré sobre las boronas de luz que dejan las estrellas, esos faroles cósmicos alimentan los paneles de mi imaginación. Escribiré sobre la hoja color manila en mi libreta. Me aterra el papiro electrónico con esa decencia blancuzca que irrita el iris y no me permite disfrutar de la sincronía gráfica que se suscitará. El marcador y las alertas de tus mensajes me estresan porque me ándalean, hacen perder el ritmo para insertar las letras. ¡Peor!, si al final, el esfuerzo en el display de este trauma haga corto circuito, digo, por una alerta de virus. Mejor, sigo mi camino a la regadera, de todas formas ya te has desconectado.

Abril Albarrán

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    —¡No lo haga! –le supliqué. Pero ella, decidida y envuelta en los encantos de su juventud, avanzó sin ni siquiera oírme. Supe que estaba resuelta, que nadie la apartaría de un destino fatal. Y continuó, muy deprisa, hasta hallarse frente a sí misma en el espejo. No, no se miró, ni dudó. Se lanzó, dando un salto magnífico (la envidia de un campeón) a la superficie helada del cristal; y yo me limité, lágrimas en los ojos, a apagar la luz de aquella habitación estúpida–: Nunca más –grité– habrá luces y fulgores en la tenebrosa luna de este espejo.
Y salí, dejando en la oscuridad para siempre a aquel monstruo, aquel falso río seductor y terrible. Estaba seguro, tarde o temprano un espejo muere en la oscuridad.
Días más tarde –lo supe por la prensa– su cuerpo fue encontrado en la luna de otro espejo distante, en una pequeña ciudad de provincias que ni ella ni yo habíamos visitado nunca, y en la habitación de un joven huidizo y romántico. Y también supe que un forense muy hábil, al descubrir las huellas secretas de su muerte, quedó atónito ante el refulgir de plata de sus vísceras.

Rafael Pérez Estrada
Más por menos. Sial Ediciones.2011

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    Debí esforzarme más. Dejarme los codos sobre el pupitre al menos un par de horas diarias, hasta hacer mías sumas, restas, cocientes, fracciones, logaritmos, derivadas, ecuaciones de primer y segundo grado.
Mamá dijo (y cuánta razón tenía mamá) que suspender Matemáticas me arruinaría el futuro.
Quién iba a pensar que mi torpeza en números desharía el orden que la Naturaleza impone a sus cálculos, que en lugar del niño de cincuenta centímetros prometido por ecografías y ginecólogos daría yo a luz cincuenta niñitos minúsculos de apenas un centímetro que corretean ahora pasillo arriba y abajo, recordándome en su caos ínfimo y pueril que no somos más que un álgebra de lágrimas.

Miguel Ángel Zapata
Mar de pirañas. Ed. Menoscuarto – 2012

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    Sólo ponían la televisión lo que duraba el noticiario para no gastar corriente; pero las noticias las tenían que saber porque él estaba en el paro ya hacía cuatro años y sin cobrar nada por ninguna parte. Y se le iba a echar encima la jubilación y luego la vejez, y ¿cómo se iban a arreglar los dos?
Su mujer estaba en la cama casi tullida por los reúmas que casi tenía desde joven, de cuando había sido lavandera, o que los había cogido con los relentes a lo mejor y, cuando él la estaba haciendo compañía en silencio o hablando de cosas, de repente la mujer decía:
—Ya van a ser las nueve. Pon la televisión a ver el tiempo que va a hacer y si ya ha pasado la crisis, y vamos a tener trabajo.
Y la mayor parte de los días la tele no decía nada de la crisis sobre si había pasado o no; y otros días casi siempre sólo decía que el Gobierno y el rey y esas gentes estaban muy preocupadas con el paro.
-¡A ver! —decía ella—. ¿Lo ves como no sólo somos nosotros?
Y así se consolaban un poco. Cenaban cualquier cosilla, un poco más contentos, y ya decía él:
—A ver mañana o pasado mañana.
Menos mal si él no caía enfermo mientras estuviera aquí la crisis todavía.

José Jiménez Lozano
Más por menos. Antología de microrelatos hispánicos actuales. Sial ediciones-2011

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    Ante lo sublime del paisaje él sintió la necesidad de expresar sin palabras lo que resonaba en su corazón desde que la conoció. Estaban en lo más alto del monte, a sus pies se encadenaban los lagos y frente a ellos, tras los lagos, la cordillera se erguía majestuosa y nevada.
Él buscó por el suelo rocoso alguna mínima flor, no digamos ya un edelweiss, y sólo encontró una varita de plástico verde flúo, de esas que se usan para revolver el trago. Se la brindó a ella como una ofrenda: es mágica, le dijo.
Y ella, que compartía sus sentimientos, la aceptó como tal y para demostrárselo elevó la varita mágica en el aire y con gracioso gesto señaló el pico más alto que asomaba inmaculado a través de las azules transparencias pintadas por la lejanía.
—Quiero una mancha roja allá, conminó.
Y ambos rieron.
Quien no pudo reír en absoluto fue el alpinista solitario que perdió pie en ese preciso instante y se desplomó sobre las afiladas aristas del barranco, poniendo una mancha roja precisamente allá, en el pico más alto.
Allá donde ni los dos enamorados ni nadie lograrían jamás verla.

*Para Claude Bowald

Luisa Valenzuela
Más por menos. Sial Ediciones.2011

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    Alguien dijo que todos estamos de antemano condenados a muerte y que la vida no es más que una espera del momento ignorado de la ejecución. Todas las noches duermo ojo avizor, porque he visto muchas películas y sé cómo suceden estas cosas… por lo menos en América. De repente se abre la puerta de la celda y aparecen los guardias, un capellán, el director de la cárcel… Te ofrecen antes un buen menú, y yo lo tengo ya pensado. Agua mineral sin gas, desde luego. No me veo eructando en la cabina de cristal, ante los ojos de los curiosos, mientras me colocan esos aparatos para la descarga eléctrica; o esperando a que salga el gas…

Alonso Ibarrola
No se puede decir impunemente ‘Te quiero’ en Venecia.Visión Libros. 2010
http://www.alonsoibarrola.com/

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