Entradas con la Tag “Sábado”

  Un estudiante alemán va una noche a un baile. En él descubre a una joven, muy bella, de cabellos muy oscuros, de tez muy pálida. En torno a su largo cuello, una delgada cinta negra, con un nudito. El estudiante baila toda la noche con ella.
Al amanecer, la lleva a su buhardilla. Cuando comienza a desnudarla, la joven le dice, implorándole, que no le quite la cinta que lleva en torno al cuello. La tiene completamente desnuda en sus brazos con su cintila puesta. Se aman; y después se duermen.
Cuando el estudiante se despierta el primero, mira, colocado sobre el almohadón blanco, el rostro dormido de la joven que sigue llevando su cinta negra en torno al cuello. Con gesto preciso deshace el nudo. Y la cabeza de la joven rueda por la tierra.

Kostas Axelos

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  Gregor Samsa no soportó ver cómo, en un mercado de Shanghai, la gente comía escarabajos rebozados y fritos en aceite de soja. Tuvo que escapar corriendo hacia su hotel, donde no pudo reprimir el vómito. Eso ocurrió mucho antes de su transformación.

Ana Tapia

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  Una mujer se enamora de un pez. Sabe que es un amor imposible y, peor todavía, pecaminoso, por lo que decide casarse con una persona respetable a la que oculta su pasión. Como todos los peces son iguales, empieza a llenar la casa de peces y peceras para olvidarse de su primer y único amor. Luego desesperada, trata de reconocerlo, sin éxito.

Juan Antonio Masoliver Ródenas

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  Hay alguien que me está soñando. Seguro. A qué vienen, si no, todos estos zapatos sucios de barro al pie de mi cama, y este cansancio inmenso de todas las mañanas.

Ana Tapia

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  Nunca pude alcanzar al amor de mi vida. ¡Cómo corría la condenada!

David Acebey

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 ¿Supieron lo del camaleón que se quedó sin tinta? Pobrecito, ahora nadie le cree que es un camaleón.

Juan Carlos Zamora

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  Un mandarín estaba enamorado de una cortesana.
«Seré tuya», dijo ella, «cuando hayas pasado cien noches esperándome sentado sobre un banco, en mi jardín, bajo mi ventana».
Pero, en la nonagesimonovena noche, el mandarín se levanta, toma su banco bajo el brazo y se va.

Roland Barthes

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  Hay novelas que aun sin ser largas no logran comenzar de verdad hasta la página 50 o la 60. A algunas vidas les sucede lo mismo. Por eso no me he matado antes, señor juez.

Juan José Millás

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  En la puerta del burdel, un hombre pregona la mercadería a los viandantes. Les ofrece una mujer muy blanca pero cubierta de lunares y otra dada a pulposas fantasías y otra de ojos como espadas y otra capaz de tocar tres instrumentos al unísono y otra que ruge como el rotor de un helicóptero desbocado y otra extranjera y otra que se olvida de su propio nombre en cada recodo de su sexo. Sin embargo, adentro hay solamente una mujer. Sin embargo, el hombre no miente.

Ana María Shua
Cazadores de letras. Casa de Geishas Ed. Páginas de Espuma.2009

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 El amor enciende el corazón y apaga la luz.

Guillermo Samperio

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